En busca del placer sexual (Primera parte)

Muchos matrimonios sufren de los llamados «problemas sexuales» o la «incompatibilidad sexual». El Dr. Wayne Mack presenta algunas razones de la «incompatibilidad sexual», una perspectiva bíblica de las relaciones sexuales y algunas sugerencias específicas y prácticas para desarrollar la unidad en esa área. El artículo se ha dividido en dos partes, en la primera, el autor considera las culpas no resueltas y aquellos problemas que aparentan ser de naturaleza sexual pero no lo son.
En busca del placer sexual (Primera parte)

«Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gn 2.24).

Todos los comentarios sobre este pasaje concuerdan en que llegar a ser una sola carne es un concepto amplio que involucra la totalidad de la vida. El contexto de Génesis 2 y la enseñanza del resto de la Biblia sobre el matrimonio lo exigen. Al mismo tiempo, se reconoce generalmente que no hay otra esfera donde mejor se ilustre o se experimente plenamente este compartir que en la relación sexual del hombre con su esposa.

En su libro Design for Christian Marriage (Diseño para el matrimonio cristiano) Dwight Harvey Small escribió: «La relación sexual es más que un acto físico; es un símbolo de una relación espiritual y la expresión de la completa unidad de dos personas en amor conyugal… Es… el medio por el cual son confirmados y nutridos en esa unión. La relación sexual es el establecimiento y la confirmación de esa unidad. La verdadera dignidad del sexo yace en su habilidad de realzar esta unidad personal entre dos personas que se han entregado el uno al otro en amor y matrimonio. En la relación sexual la pareja es unida indisolublemente en lo que la Biblia llama "una sola carne"» (pp. 94, 96. Énfasis agregado).

Es importante destacar que la Biblia a menudo describe el acto matrimonial como que el hombre conoce a su mujer. Génesis 4.1 es un ejemplo. En la Versión Reina-Valera dice: «Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió…». La Versión Dios Habla Hoy lo traduce: «El hombre se unió con su esposa Eva. Ella quedó embarazada y…».

Esto solo puede significar que el acto sexual es el medio para lograr una comunión profunda y compartirlo todo, mediante lo cual el marido y la mujer llegan a conocerse muy íntimamente.

Las relaciones sexuales normalmente son parte integral de una genuina unidad en el matrimonio.

Según Dwight Harvey Small: «Sirven para expresar, establecer, confirmar, intensificar y enriquecer la completa unidad de dos personas en amor conyugal». Según la Biblia, el acto matrimonial es más que un acto físico. Es un acto de compartir. Es un acto de comunión. Es un acto de entrega total en el que el marido se da por completo a su esposa y ella se entrega a su marido de tal forma que los dos en realidad llegan a ser una sola carne.

Es evidente, entonces, que el establecimiento de buenas relaciones sexuales es una parte importante del desarrollo de la unidad en el matrimonio. Sin embargo, la triste verdad es que no hay otra área donde se hayan librado más batallas conyugales ni donde se haya manifestado más insatisfacción.

Multitudes de parejas se han divorciado debido a la «incompatibilidad sexual». Un abogado a quien entrevisté me dijo que casi todas las parejas que le consultan sobre el divorcio manifiestan «incompatibilidad sexual».

Además, hay muchas parejas que no llegan al divorcio pero que también tienen muchos conflictos acerca de sus relaciones sexuales. Mi propia experiencia como consejero solo ha servido para confirmar el hecho de que esta es un área de grandes conflictos. Con demasiada frecuencia el acto matrimonial produce irritación en lugar de satisfacción; es un área de conflicto en lugar de promover y expresar la unidad.

Una pregunta que surge es, si Dios creó y ordenó las relaciones sexuales para promover y expresar la unidad en el matrimonio, ¿por qué razón tantas parejas tienen problemas precisamente en esta área?

Por culpas no resueltas

Algunas parejas quizá tengan problemas sexuales debido a culpas no resueltas.

Las Escrituras nos advierten que nuestros pecados nos alcanzarán (Nm 32.23). También nos recuerda que tenemos una conciencia que nos «acusa o excusa» (Ro. 2.15). Usted puede tratar de ignorar su pecado o de encubrirlo y es posible pensar que lo ha logrado. Pero tenga la certeza de que su pecado lo alcanzará. Todos tenemos una conciencia que frecuentemente nos recuerda nuestra desobediencia y nos impide gozar verdaderamente de la vida presente.

Recuerde la angustia que sufrió David por no tratar con su pecado y culpa según lo expresa el Salmo 32. Dijo: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día… se volvió mi verdor en sequedades de verano» (Sal 32.3–4). Con estas palabras, David describe una horrible experiencia que vivió como resultado de no confesar su culpa. Había desobedecido gravemente a Dios y luego procuró ignorar su pecado, pero fue imposible. Ante su consternación descubrió que ya no podía disfrutar de la vida como antes. Comprobó con tristeza que la vida había perdido su entusiasmo y que comenzaban a surgir problemas emocionales, sociales, físicos y espirituales. ¿Por qué? Porque el desagrado de Dios cayó pesadamente sobre él, su conciencia constantemente le acusaba y su pecados lo estaban alcanzando.

En forma similar hay personas que ahora tienen problemas sexuales en el matrimonio debido a la culpa no resuelta por haber tenido experiencias sexuales ilegítimas en el pasado.

Hay personas que me han dicho que aún se sienten culpables y frecuentemente se sienten molestos por pecados sexuales que habían cometido diecisiete o dieciocho años atrás. Recuerdos de prácticas en el pasado como caricias muy íntimas, masturbación, homosexualidad o prácticas sexuales inmorales o egoístas siguen perturbándoles, y esto les dificulta el verdadero goce de las relaciones sexuales en el presente.

R.C. Sproul escribe: «Muchas mujeres llegan al matrimonio con una enorme carga de culpa que les atormenta por años… Una pregunta que frecuentemente le hago a los hombres que se quejan de la frigidez de sus esposas es: "¿Tuvo relaciones sexuales con su esposa antes de casarse?"… En todos los casos cuando he formulado esta pregunta la respuesta ha sido afirmativa. Entonces le hago otra pregunta: "¿Diría que su esposa le respondía sexualmente más antes de casarse?" También en todos los casos que hice esta pregunta el esposo respondió enfáticamente que en verdad su esposa le respondía más antes de casarse. Generalmente me miran perplejos y dicen: "¿Cómo lo sabía usted?" La respuesta es que es un fenómeno bastante común. Pueden haber muchas explicaciones plausibles de la evaluación del marido… Pero una explicación debe considerarse seriamente. Quizá la mujer se siente tan culpable por haber perdido su virginidad antes del matrimonio que ahora sufre los efectos paralizantes de esa culpa». (Discovering the Intimate Marriage, pp. 96, 97).

Esta condición puede corregirse solamente cuando la persona involucrada encara su pecado, lo confiesa ante Dios, busca la purificación por medio de la sangre de Jesucristo, depende del poder del espíritu Santo para cambiar sus actitudes y medita en la Palabra de Dios.

«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad» (1 Jn 1.9).

«Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová (continuamente reviendo el pasado hasta que todo quede confesado); y tú perdonaste la maldad de mi pecado» (Sal 32.5).

«El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia» (Pr 28.13).

«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Ef 1.7).

«La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado» (1 Jn 1.7).

«Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados…» (1 Jn 2.1–2).

«No erréis; ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maledicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados (purificados mediante una propiciación completa del pecado y liberados de la culpa del pecado), ya habéis sido santificados (consagrados, apartados); ya habéis sido justificados (pronunciados justos) en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Co 6.9–11).

«Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (emancipación de la esclavitud, liberación). Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta (quizá esto signifique contemplar la Palabra de Dios o bien reflejarla) como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Co 3.17–18).

«¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra… En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti» (Sal 119.9, 11).

«¡Oh, cuanto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación» (Sal 119.97).

«La Palabra de Cristo more (haga su morada en vuestros corazones) en abundancia en vosotros…» (Col 3.16).

Algunas parejas darían un gran paso hacia la solución de sus problemas sexuales al tratar con su pecado en forma bíblica. No estoy sugiriendo que una persona deba ir a Cristo o procurar obedecerle con el solo propósito de gozar más de su vida sexual. Dios no permita que jamás haga esto. El problema básico del hombre es su alienación de Dios, no las dificultades que experimenta para poder adaptarse a su cónyuge. El hombre es pecador por naturaleza y por práctica (Jer 17.9; Ro 3.10–18; Sal 51.5; 58.3; Ef 2.1–3). Sus pecados le han separado de su Dios. Está muerto en delitos y pecados. Está bajo la maldición y la condenación de Dios.

La necesidad más grande del hombre es renacer por el Espíritu de Dios, reconciliarse con Dios, ser redimido y perdonado, llegar a gozar del favor de Dios por medio de la persona y obra de Jesucristo. El gran problema del hombre es el pecado que lo aleja de Dios. Su necesidad más grande es la reconciliación con Dios mediante Jesucristo. Así que el hombre debe ir a Jesús en primera instancia por esta razón (Ef 2.4–7; Ro 5.6–21; Col 3.13–21).

Sin embargo, las Escrituras prometen muchos beneficios adicionales a los que han sido regenerados por el Espíritu Santo y redimidos por Jesucristo. «La piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera» (1 Ti 4.8). «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Jn 10.10). «El Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» (1 Ti 6.17). Bien ha dicho el poeta al expresar una verdad bíblica, que para el cristiano: «Por la gracia del Señor, lo que veo en derredor, tiene hermosuras mil, que sin Cristo nunca vi».

Estoy convencido que el cristiano verdadero tiene el potencial para gozar de las buenas cosas que Dios ha creado para el hombre, más plenamente que el no cristiano. El sexo es una de las buenas cosas que Dios ha creado para el hombre (Gn 1.27–31; He 13.4). Creo firmemente que la libertad de la culpa y del poder del pecado que produce la redención puede resolver muchos problemas sexuales que enfrentan las parejas en el matrimonio. Ocurre a menudo que cuando la pareja corrige su relación con Dios, sus relaciones uno con el otro también se corrigen.

Porque aparentan ser sexuales y no lo son

Muchas veces, los problemas sexuales en el matrimonio en realidad no son sexuales.

Esto puede parecer una contradicción pero no lo es. Lo que quiero decir es que una relación sexual deficiente a menudo es como la luz roja en el tablero de un automóvil.

La luz roja es una indicación de que el automóvil tiene uno o varios problemas. Tratar de arreglar la luz roja (moviéndola o golpeándola) o aun reemplazándola no solucionará el verdadero problema del automóvil. Hay que buscar lo que está detrás de eso. La luz roja indica que el automóvil necesita aceite o agua, o que hay que soltar el freno. Solucione estos problemas y automáticamente se apagará la luz roja. Si ignora estos problemas, la luz roja continuará encendida hasta que el automóvil quede arruinado.

Después de años de estudio y experiencia en consejería matrimonial, James Petersen afirma: «Conflictos sobre dinero o religión, negligencia o descortesía, peleas o palabras amargas con el tiempo tendrán un efecto adverso sobre la armonía sexual. Una de las razones por las que parece difícil lograr la armonía es que los fracasos en una o varias de las áreas principales de la vida conyugal se reflejan en las relaciones íntimas. Por lo general la pareja que ha logrado un esquema de cooperación satisfactorio para enfrentar todos sus otros problemas no tendrá mayores dificultades en unirse sexualmente» (citado por Dwight Harvey Small en After You’ve Said I Do [Después del Sí quiero], p. 228).

El Dr. Jay Adams compara los problemas no resueltos de la pareja con valijas. Por ejemplo, considere el caso de un esposo que no ama a su mujer en la forma bíblica. Es inconsciente, desconsiderado, severo, ingrato, irritable, implacable, y contencioso. La domina como si fuese una esclava, o la ignora como si no existiese, o la trata como si fuera un objeto y no una persona. ¿Cuál es el resultado? Pues las actitudes y acciones del marido comienzan a pesar sobre su mujer. Medita sobre ellas. Se siente herida, despreciada, rechazada, descuidada, no amada. Esta realidad llega a ser como maletas pesadas que la esposa debe cargar todo el tiempo. Están con ella cuando cocina o limpia pero especialmente cuando se acuesta con su esposo. Son las maletas de la desconsideración, la severidad, la ingratitud, de un espíritu implacable, del pecado no confesado del marido contra su esposa.

También están las maletas de la autocompasión, la amargura y el resentimiento de ella que se yerguen entre los dos. Entonces él se acerca a ella y desea tener relaciones sexuales. Participan del acto sexual pero ambos saben que faltó algo. El acto matrimonial ha sido hueco, vacío, sin sentido ni satisfacción. ¿Por qué? Han tratado de tener relaciones íntimas en una cama donde hay una pila de maletas entre los dos.

¿Cómo se resuelve el problema sexual en este caso? Quitando las maletas. El verdadero problema en una situación como esta no es el sexual, sino la cantidad de otros problemas que hay entre el marido y su esposa. Al resolver estos problemas es muy posible que los sexuales se corrijan automáticamente. Si se ignoran, los sexuales seguramente empeorarán.

Colosenses 3.14 nos dice que el vínculo perfecto es el amor. Cuando se aplica este versículo a las relaciones sexuales en el matrimonio es sumamente elocuente. Si el amor es el vínculo perfecto, los problemas sexuales pueden ser la luz roja en el tablero del matrimonio que indica una falta de amor bíblico en ese matrimonio.

Generalmente, cuando una pareja expresa y experimenta el amor de 1 Corintios 13, los problemas sexuales son mínimos. Una nueva aplicación de ese amor que es paciente, amable, humilde, compasivo, tierno, perdonador, generoso, cortés, considerado, sensible, verdadero, apreciativo y protector logrará mejorar las relaciones sexuales más que la lectura de todos los libros recientes sobre métodos y técnicas. Esto logrará que el marido y la esposa con amor y alegría cumplan sus roles bíblicos el uno hacia el otro; y que aprendan a comunicarse profundamente según los principios bíblicos. De esta forma, la mayoría de sus problemas sexuales se disiparán.


Tomado y adaptado del libro Fortaleciendo el matrimonio, Wayne Mack, Hebrón. Todos los derechos reservados.

  • Enviar a un amigoEnviar a un amigo
  • printImprimir
0 Comentarios
Boletines y Revista en su e-mail GRATIS!

por Tony Evans
El destino de cada hombre, el sueño de cada mujer (Enfoque a la Familia)
Misionero Bautista (IMB), trabajando con inmigrantes Latinoamericanos en Europa
Instituto Biblico Teológico.
Una iglesia paternal Con el proposito de reunir a la familia de cristo \"una gran familia en Di...
Somos una Iglesia Cristiana Bautista, estamos al lado de la gente constantemente, tenemos un grupo m...
DesarrolloCristiano.com es un servicio de Desarrollo Crisitiano Internacional. Copyright 2008, todos los derechos reservados. Solicite mas informacion a info@desarrollocristiano.com