Momentos difíciles: ¿qué hacer? (Segunda Parte)

Cuando sienta que se le derrumba todo el mundo, bríndese una nueva oportunidad y continúe caminando.
Momentos difíciles: ¿qué hacer? (Segunda Parte)

No hace mucho, recibí la carta de una mujer de treinta y seis años. Escribió luego de haber participado en un seminario sobre el poder de las palabras. Ella dijo: «En casa éramos tres; la hábil, la inteligente y... yo. Mamá solía encargarse de que lo supiéramos. Ignoro lo que yo significaba para mi mamá. Me solía decir que yo era tan incapaz que ni siquiera iba a poder enhebrar una aguja cuando me casara. Lo repitió tantas veces que, hasta el día de hoy, cada vez que intento hacerlo mis manos tiemblan».
Identidad sana
Ella llevó a su mamá a aquel seminario. En el transcurso de la enseñanza la madre se dio cuenta de que las palabras producen vida o muerte, que elevan o disminuyen. En medio del llanto, se abrió: «Perdón, mi amor, por las veces que te dije las cosas que dije». «Desde aquel día» —relataba la autora de la carta— «me llama todos los días para decirme las habilidades que poseo, cuánto valgo y lo hermosa que soy». Para poder resolver correctamente los desafíos de la vida es necesario soltar el pasado y vivir intensamente el presente. Luego de unos meses esta mujer se animó a inscribirse en un curso de corte de cabello. «La sorpresa», —continúa ella— «me la llevé cuando el profesor mencionó que le encantaría contar con una cámara para filmarme, porque pocas veces había visto tanta habilidad en las manos de una persona. Este halago es uno de mis trofeos, mi recompensa, la razón por la que vivo. Me di cuenta de que vale la pena confrontar los miedos del pasado para que queden atrás. He recibido todo el derecho a sacudirme el polvo de los pies y levantarme con esperanza, para descubrir quién soy de verdad. Soy una obra maravillosa de Dios con dones y talentos que esperan que yo los descubra».
Oídos inteligentes
En el caminar de la vida nos encontraremos con personas que son como un cubo de agua fría. Nos afirman que somos incapaces, tontos, que no podemos lograr nada. A esa agua hay que dejarla correr. ¡No les crea! Reme contra la corriente y elija seguir caminando, confiando en Dios, junto a los talentos y las oportunidades que él le ha dado. Discipline sus oídos a no recibir comentarios que lo descalifican. Ellos no están derribando sus propios sueños, sino los suyos. No pueden actuar con la misma pasión que usted posee, ni tampoco sentir lo que usted siente.
Usted nunca falla porque sea un fracasado. Falla porque está caminado. Es decir, está dispuesto a intentar nuevas experiencias y que, en el camino, puede mejorar.
Fracasos exitosos
A muchos de los grandes personajes de la historia sus pares los consideraron fracasados. El emperador Fernando le señaló a Mozart que su ópera, Las bodas de Fígaro, era muy ruidosa y poseía demasiadas notas. A lo largo de su vida lo único que consiguió Van Gogh fue vender un solo cuadro, aunque hoy cada una de sus obras vale fortunas. ¡Cuánta decepción debió sufrir cuando se percató de que su generación no valoraba la obra de sus manos! No obstante, siguió pintando. Asimismo, nosotros, debemos aprender a seguir pintando aunque nadie compre nuestros cuadros.
Debemos aprender a reconocer que carecen de sentido las palabras despectivas que nos han expresado. También resulta necesario dejar de lado la culpa por algún error que hayamos cometido, y que usaron otros para etiquetarnos. ¿Quién de nosotros no ha cometido errores? Pero, a pesar de ellos, podemos llegar delante de Dios y pedirle su perdón, o disculparnos con las personas a quienes ofendimos.
Potencial optimizado
No es una exageración afirmar que todas las personas que alcanzaron gran éxito, lucharon con sobrados motivos para quedarse tirados en el camino. Si usted enfrenta algún impedimento debe invertir su energía en las áreas que no le representan ningún problema. A esto lo llamamos el principio de la compensación. No podemos estancarnos en el lamento por lo que no sabemos hacer bien.
El lamento muchas veces se genera cuando nos comparamos con otros. Decimos, por ejemplo: «yo quisiera cantar como él canta». La verdad, sin embargo, es que no lo lograremos, aun si recibiéramos todas las clases del mundo. Pero, dónde está lo malo de que no sepamos cantar. En lugar de cantar podemos escribir, transformar los sentimientos en poema o convertirlos en obra de arte. Debemos aprender a concentrarnos en el desarrollo del potencial que poseemos. Para ello es importante aceptar que en algunas esferas no lograremos deslumbrar. La falta de aptitud en algunas facetas de la vida nos torna humildes y fomenta la dependencia. Resístase tenazmente a la tentación de sentir lástima de sí mismo. No cometa el error de los discípulos, que querían saber cuál era la causa específica de la ceguera del hombre con que se cruzaron. Le preguntaron a Jesús: «¿Quién pecó, este o sus padres? Él respondió: «Ni éste pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él»(Jn 9.3). Los discípulos estaban expresando una cosmovisión del ser humano: que somos víctimas de las consecuencias de nuestros errores pasados o de los errores de nuestros padres. La verdad, sin embargo, es que aun cuando nos hayamos equivocado, podemos pedir perdón y, luego, levantarnos con la dignidad que nos ha provisto el Señor.
Honestidad atractiva
Sea sincero y admita sus defectos. Véase tal cual es, a cara descubierta. Revístase de coraje para aceptar los aspectos en los que es débil y concéntrese en el desarrollo de aquello en lo que es bueno.El trabajo es un privilegio, un don de Dios. Representa una oportunidad para realizarnos. Una de las conferencias que dicto aborda el reto de cómo convertir el trabajo en una aventura desafiante y divertida. En uno de sus puntos recomiendo a los oyentes dejar el empleo actual, si este no es una actividad que les permite la mejor expresión de sí mismos. El trabajo no es provechoso si solamente sirve para generar recursos para comer y vestir. Incluso, puede que estemos ocupados en aquello para el que nos capacitamos en la Universidad. No obstante, si descubrimos, un día, que nuestras tareas se han convertido en una carga y nos generan angustia, efectivamente nos encontramos en el cargo equivocado.
El trabajo es un privilegio, un don de Dios. Representa una oportunidad para realizarnos, para ser creativos e ingeniosos. Desde allí podemos dejar nuestro mejor aporte a la sociedad e, incluso, recibir remuneración por eso. Cuando uno disfruta sus tareas, suele estar contento con su salario. Pero cuando estas se han convertido en una carga pesada, no existe paga que las compense.
Siempre me preguntan sobre cuál es la capacidad que poseemos para amar. En mi opinión, es la que he desarrollado al amarme a mí mismo. Es necesario que aprenda a amarme, a valorarme y a apreciar las virtudes que he recibido. Helen, mi esposa, se ha encargado de sacar lo mejor de mí. La he visto cómo, a fin de no herirme, cuida sus palabras cuando quiere señalarme algo en lo que no procedí bien. Muchas veces la he escuchado reforzar mis virtudes, para animarme a que me suelte a trabajar en lo que me gusta.
Vidas apasionadas
El otro día le preguntaron a un amigo pianista cómo lograba tocar con tanta excelencia. Él respondió: «He asistido a clases de piano durante dieciséis años y practico muchas horas por día». Él ha encausado toda su pasión en el desarrollo de sus virtudes.
Es necesario que elaboremos un plan y, luego, que nos movamos en la dirección escogida, aunque corramos el riesgo de fracasar. No obstante, sea cuidadoso a la hora de compartir sus sueños. No guarde mucha expectativa en lo que los demás pueden lograr. Nadie vivirá ese sueño por usted. Atesore ese sueño particular y celebre en grande cada triunfo que se le concede. Refúgiese en Dios para que sus tropiezos no lo desestabilicen. Isaías suplica: «Señor, ten compasión de nosotros; pues en ti esperamos. Sé nuestra fortaleza cada mañana, nuestra salvación en tiempo de angustia» (Is 33.2).La victoria es el arte de continuar aunque la orquesta se detenga. Uno de los más grandes violinistas de todos los tiempos, Niccolo Paganini, era un hombre de un recio temperamento, con la virtud de sacarle a su instrumento las más deliciosas melodías. Aunque algunos lo tenían por extraño, nadie quería perderse la oportunidad de escuchar un espectáculo suyo.
Una noche el público, expectante, colmaba el auditorio donde el músico ofrecería un concierto. Paganini entró al escenario y la orquesta se preparó. Él colocó sobre su hombro el violín y comenzó a tocar. La belleza de la música que salía de aquellas cuerdas era indescriptible. Parecía que las notas poseían alas, y volaban bajo el toque de sus dedos encantados.
Repentinamente, se alcanzó a escuchar un ruido extraño. La pasión de Paganini había reventado una de las cuerdas del instrumento. La orquesta y el director se detuvieron, pero él continuó tocando con las tres que le quedaban. Pocos minutos más tarde una segunda cuerda saltó de su lugar y la orquesta volvió a detenerse. Paganini, sin embargo, continuó tocando, completamente absorto en aquella increíble melodía que nacía de su violín. Aunque le faltaban dos cuerdas, se manejó con las que le quedaban. No duró mucho para que ocurriera lo insólito: quedó con solo una. La orquesta nuevamente se detuvo, pero, como si nada hubiera ocurrido, Paganini arrancó de aquella solitaria cuerda los más asombrosos sonidos.
El delirio se apoderó de los presentes. Aquella noche la magia de Paganini se convirtió en leyenda. Ya no era solo un violinista extraordinario. Había demostrado cómo sobreponerse al más duro revés que podría sufrir un violinista: perder tres de las cuatro cuerdas de su instrumento.
Ejemplo a seguir
La lección resulta clara: Muchas veces la vida nos deja con una sola cuerda. Perdemos el trabajo, quedamos viudos, somos golpeados por una devastadora enfermedad o sufrimos una debacle económica. Paganini nos ayuda a entender que aun cuando solamente nos quede una cuerda, podemos seguir sacando de ella las más conmovedoras melodías.
Cuando sienta que se le derrumba todo el mundo, bríndese una nueva oportunidad y continúe caminando. Nunca la vida romperá todas nuestras cuerdas. Aún existe la cuerda de la perseverancia, de la inteligencia, de confiar en Dios, de intentarlo otra vez. Elija sacar la mejor canción de la única cuerda que crea tener. La victoria es el arte de continuar aunque la orquesta se detenga.
LEA EL PRIMER ARTÍCULO DE ESTA SERIE:
- Momentos difíciles: ¿qué hacer? (Primera Parte)

Este artículo resume parte del mensaje de Sixto Porras en la conferencia «¿Cómo enfrentar momentos difíciles?» (www.enfoquealafamilia.com). El autor, un reconocido conferencista internacional, ha producido más de 10.000 programas radiales y televisivos sobre temas relacionados a la familia. Es el actual Director de Enfoque a la Familia para el mundo de habla hispana. Vive, junto a su esposa Helen y sus dos hijos Daniel y Esteban, en San José, Costa Rica. Se publicó en Apuntes Pastorales XXVII-4, ©Copyright 2010, derechos reservados.
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