Hablando de sexo con nuestros hijos

Muchos adolescentes se entregan a la relaciones sexuales prematuramente buscando el amor que no recibieron de sus padres y madres.
Hablando de sexo con nuestros hijos Hay muchas jovenes que resultan embarazadas porque inconscientemente estaban buscando el amor de su papá en los brazos de algún chico. Otras están tan «hambrientas de amor» que la ilusión de algunos momentos de cariño es suficiente para convencerlas de entregarse a un hombre. Lo mismo pasa con los chicos que empiezan a experimentar con relaciones homosexuales. No subestimemos la importancia del amor paterno. Es fundamental en el buen desarrollo sexual de nuestros hijos e hijas.Hoy en día hablar sobre este tema no es una opción: es absolutamente esencial Quizás uno de los tópicos más difíciles para hablar con nuestros hijos sea el tema de la sexualidad. Muchos padres y madres ven que sus criaturas se hacen adolescentes y empiezan a temblar al pensar que necesitan hablar de «ciertos asuntos» con ellos, y no saben cómo. Hoy en día hablar sobre este tema no es una opción: es absolutamente esencial. Todo el mundo está hablando sobre sexo, y nosotros como cristianos tenemos que hablar con claridad y firmeza desde la perspectiva bíblica.

¿Qué podemos hacer para facilitar el diálogo?
La verdad es que si esperamos para hablar sobre sexualidad a que nuestros hijos lleguen a la pubertad, tendremos unos diez años de atraso. La sexualidad no significa solamente relaciones sexuales. Tiene que ver con todo el desarrollo humano, desde la infancia hasta la tercera edad. No nos «hacemos seres sexuales» al alcanzar la pubertad. Nacemos seres sexuales. Además, Dios no se equivocó al hacernos de esta manera. No dijo: «¡Ay, se me fue la mano!» El nos creó así a propósito. Es su propósito perfecto que seamos seres sexuales.

Entonces, ¿qué hace que sea tan dificil hablar de este tema?
En primer lugar, lo más probable es que nuestros padres también nos hayan hablado poco sobre el asunto. De alguna forma nos hicieron sentir o pensar que hay algo vergonzoso en la sexualidad. Quizás en la escuela o en el colegio los demás se burlaron de nosotros. Las razones son numerosas, pero lo cierto es que al hablar con nuestros hijos sobre sexo tenemos que tener en cuenta nuestra propia sexualidad, que muchas veces está mal resuelta. Damos solamente aquello que tenemos, y debemos buscar tener lo mejor posible.

Por otra parte, es común que nos sintamos inseguros de hablar del tema porque carecemos de toda la información apropiada. Por lo tanto, es preciso que investiguemos en diferentes fuentes para poder de este modo referirnos adecuadamente al respecto. (Además la información nos ayuda con nuestras propias vidas) También es fundamental conocer qué dice la Biblia sobre nuestra sexualidad, y no lo que pensamos que la Biblia dice.Quizás esa sea una buena regla: hacer que la comunicación con los hijos sea tan fluida que cuando tengan preguntas (incluso de naturaleza sexual) tengan la confianza de venir a nosotros con ellas. Debemos empezar a hablar con nuestros hijos desde tierna edad. Cuando chiquitos hablemos de sus cuerpos: que Dios los creó y que son buenos (todos sus miembros, incluyendo las partes privadas»), y sobre las diferencias en hombre y mujer. No me olvido que una vez, cuando mi hija tenía tres años, preguntó a todos mis invitados al entrar «si tenían pipi». Entonces, pedí permiso la llevé al dormitorio para conversar. Su pregunta era justificada y tenía curiosidad en saber quiénes tenían pene y quiénes no, pero tuve que decirle que hay preguntas que debemos hacer en privado. Lo más importante fue que aprendió que podía venir a preguntarme a mi lo que quería saber.

Quizás esa sea una buena regla: hacer que la comunicación con los hijos sea tan fluida que cuando tengan preguntas (incluso de naturaleza sexual) tengan la confianza de venir a nosotros con ellas. De ahí deducimos que solamente podremos hablar de sexualidad si ya nos hemos empeñado en desarrollar un buena comunicación con nuestros hijos. ¡No debemos hacernos la ilusión de que al llegar ellos a la adolescencia la comunicación se establece instantáneamente! Si no vamos trabajando la comunicación desde niños, será sumamente difícil (aunque no imposible) hacerlo cuando lleguen a la pubertad.

Ciertamente, la comunicación es una línea de vida, un canal, y por él podremos pasar los contenidos que consideremos importantes, inclusive la sexualidad. Quizás primeramente debamos ocuparnos en desarrollar una sólida capacidad de comunicarnos con nuestros hijos Después, toda la información circulará con facilidad.

Otro aspecto que nos debe alertar sobre la importancia de conversar con nuestros hijos e hijas sobre la sexualidad es que vivimos en un mundo de enormes peligros sexuales, de libertinaje y promiscuidad, de abuso sexual en proporciones epidémicas, y con una Iglesia mayormente callada sobre este tema. ¿Cuántas veces hemos escuchado un sermón sobre el abuso sexual y cómo protegernos? ¿Acerca de cómo enseñar a nuestros hijos e hijas a protegerse? ¿sobre la transmisión del sida? ¿sobre la homosexualidad (que no consista exclusivamente en condenación)? ¿sobre la violencia doméstica? ¿sobre cómo manejarnos en todas esas circunstancias? Como he dicho en otros sitios, el mundo habla y habla mucho sobre este tema, pero no desde la perspectiva bíblica. Al permanecer callados permitimos que el mundo forme los valores de nuestros hijos.

Tengo un amigo médico, el Dr. Apolos Landa, que dice: «la ventana de oportunidad para hablar sobre el sida con los niños es entre los 5 y los 12 años», Si no educamos antes de la pubertad, es tarde. Estamos viendo jóvenes de 20 a 25 años infectados y muriendo de sida, porque iniciaron una vida sexual activa diez años antes.

Quizás una razón más por la cual es difícil hablar sobre sexualidad es que como cristianos tenemos un mensaje que va totalmente en contra del que proclaman los medios populares, Decimos que las relaciones sexuales son para el matrimonio, que debemos (y podemos) esperar hasta entonces, que debemos guardar la fidelidad mutua de por vida con nuestro esposo o esposa. Por el contrario, el mundo nos enseña que los jóvenes no pueden/no saben esperar; que deben tener relaciones sexuales protegidas»; que pueden acostarse con quienes se tiene química» o atracción, en cualquier edad y con cualquier nivel de compromiso. El mundo dice que no debemos privarnos de las delicias del sexo; en cambio, muchas veces el mensaje cristiano ha sido que hay que someterse al «deber conyugal». ¡Con razón los jóvenes prefieren el mensaje del mundo!

Por esto, volvamos adonde empezamos: con nosotros. ¿Qué es lo que pienso sobre la sexualidad? ¿Fue el pecado original? ¿Es un castigo para las mujeres «aguantar» los deseos de sus esposos, al menos hasta la menopausia? ¿Las relaciones sexuales son apenas para tener hijos? ¿Sólo los hombres pueden/deben disfrutar del placer del sexo? Esto no es lo que nos enseña el Señor. Esté seguro de que lo que crea en su corazón sobre el sexo lo ha de transmitir a sus hijos e hijas.

Muchos adolescentes se entregan a la relaciones sexuales prematuramente buscando el amor que no recibieron de sus padres y madres, Hay muchas jovenes que resultan embarazadas porque inconscientemente estaban buscando el amor de su papá en los brazos de algún chico. Otras están tan «hambrientas de amor» que la ilusión de algunos momentos de cariño es suficiente para convencerlas de entregarse a un hombre. Lo mismo pasa con los chicos que empiezan a experimentar con relaciones homosexuales. No subestimemos la importancia del amor paterno. Es fundamental en el buen desarrollo sexual de nuestros hijos e hijas.

Para finalizar, revisemos qué podremos hacer para poder hablar con nuestros hijos sobre la sexualidad:
  1. Resolvamos nuestros propios problemas Podemos empezar por admitir delante de Dios que nuestra sexualidad necesita sanidad, (¡Dios NO tiene verguenza cuando oramos sobre algún tema sexual!)
  2. Busquemos informaciones apropiadas Quizás aquí tenemos el desafío de buscar e incluso desarrollar libros y manual científicamente sólidos y bíblicamente adecuados para la educación sexual en Iglesia. No hay ninguna vergúenza en saber. Lo terrible es seguir en la ignorancia que puede matarnos a nosotros y a nuestros hijos, si no entendemos sobre el sida otras enfermedades de transmisión sexual No basta simplemente con decir a nuestros hilos que no deben tener relaciones antes del matrimonio. Hay que darles razon informarles sobre las consecuencias una sexualidad inconsecuente y bendición de la sexualidad vivida dentro los patrones de Dios.
  3. Hombres, ¡no entreguen la crianza de sus hijos a sus esposas! Ellas no pueden cumplir las funciones masculinas tan necesarias para el buen desarrollo psicosexual de los jóvenes. Si los padres no hiciesen falta, Dios no lo hubiera provisto a Jesús de José.
  4. Desarrollemos buenos canales de comunicación con nuestros hijos desde que son pequeños y, cuando sean mayores pasar informaciones sobre la sexualidad se volverá mucho más fácil.
  5. Enfrentemos con lucidez el mensaje del mundo. Como cristianos creemos que la Biblia tiene palabras de vida; Debemos levantar nuestras voces proféticas y enfrentar el mensaje hedonista de la sociedad que nos rodea, Vivimos en un mundo de desafíos enormes, pero siempre ha sido así. Nunca fue fácil ser cristiano; sin embargo, podemos buscar que la próxima generación crezca más sana a nivel sexual que nosotros.
Esly Carvallio es Brasileña, tiene una maestría en psicología y es supervisora de psicodrama. Además se desempeña como coordinadora de Exodus Latinoamérica.
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