Una separación innecesaria

La distancia que se ha generado entre el seminario y la iglesia no beneficia a nadie.
Una separación innecesaria Hace unos años visitó Buenos Aires un teólogo europeo, uno de los más destacados pensadores contemporáneos, invitado para dictar una serie de conferencias. Decidí aprovechar la oportunidad y animé a mis colegas de ministerio de la iglesia donde soy pastor para que fueran a escucharlo. El evento no defraudó: la conferencia resultó brillante.

Al salir del auditorio convidé a uno de los que me acompañó a tomar un café para conversar sobre la experiencia que acabábamos de vivir. Nos sentamos en la cafetería y me dispuse a escuchar lo que este joven aspirante a pastor había aprendido. Me miró, casi con vergüenza, y suavemente preguntó: «Pastor, ¿para qué sirve esto?»

No dudo que cualquiera de nosotros, profesionales de la teología, podríamos gastar varias horas explicándole las bondades y utilidad del discurso que habíamos escuchado. Pero, lo cierto es que a él «no le servía». Podemos argumentar, y con razón, que su pensamiento era simple y lineal. Que, de alguna manera, era utilitario, centrado en sus necesidades ministeriales inmediatas. Es cierto; pero también lo es que «no le servía» la brillante exposición que había escuchado.

Sentimientos encontrados
Más de 35% de los matrimonios termina en divorcio y la cantidad de hijos criados solo por uno de los padres ha aumentado a 300%.Como educador siento algo de frustración porque veo que la educación teológica está cada vez más alejada de la realidad de las iglesias. La tradicional desconfianza entre la iglesia y la educación teológica se ha profundizado. Gran parte de las iglesias de hoy no tienen inconvenientes en ordenar al pastorado a candidatos sin ninguna educación teológica formal. El resultado es que existen millones de pastores que ejercen su ministerio sin haber pasado por las aulas de un seminario.

Por otro lado, también albergo un sentimiento de esperanza, porque cada vez son más los que, desde las iglesias y las instituciones de educación teológica, tratan de cerrar esta brecha.

Tiempos diferentes
Muchas veces desde las instituciones teológicas tratamos de ofrecer respuestas a preguntas que la iglesia no formula. Ofrecemos un producto terminado —los graduados de nuestros seminarios— para una iglesia que no existe.

Otra sociedad
En los últimos cincuenta años, la sociedad y las iglesias evangélicas latinoamericanas han cambiado significativamente. Hoy, más de 75% de la población latinoamericana vive en grandes ciudades. Este movimiento ha afectado las relaciones laborales, la estructura familiar, el hábitat y la manera de ser iglesia.

Aunque América Latina también se ha globalizado, en ella conviven la pobreza más extrema y las más grandes manifestaciones de riqueza; el analfabetismo y los últimos avances tecnológicos. Estos contrastes han llevado al aumento de la criminalidad, el hacinamiento poblacional y las migraciones masivas, ya sean dentro de América Latina como hacia EE.UU. y Europa.

Al igual que en el resto del mundo las familias han modificado sus formas y sus valores. Más de 35% de los matrimonios termina en divorcio y la cantidad de hijos criados solo por uno de los padres ha aumentado a 300% en los últimos veinte años. A la vez, un creciente número de países trabaja en redefinir las relaciones familiares con base en las preferencias sexuales de la población.

En medio de esta verdadera revolución, sin embargo, la educación teológica se ha aferrado a estructuras y sistemas que han sufrido pocas modificaciones en los últimos cien años.

Otra iglesia
Durante cinco siglos la religiosidad católica dominó toda la sociedad y cultura de América Latina. En los últimos treinta años, sin embargo, la iglesia evangélica latinoamericana ha crecido notablemente, y así ha construido una nueva identidad.

El pentecostalismo ha sido el movimiento que tuvo la convicción y la fuerza para quebrar la inercia de la religiosidad católica, y le dio una nueva cara al cristianismo latinoamericano. De la población evangélica de la región, hoy, más de 75% pertenecen a congregaciones pentecostales o de corte pentecostal.

El protestantismo clásico llegó a las elites pero no fue capaz de alcanzar a las grandes masas. Arribó al continente latinoamericano de la mano de las ideas liberales del siglo XIX y apeló a una aceptación racional de la fe. La tarea de evangelización y proclamación requería de un contenido apologético y ocupaba, por lo tanto, de predicadores que contaran con una formación teológica de acuerdo a estas exigencias.

En esas circunstancias las escuelas teológicas eran apreciadas por la calidad de sus profesores. Cumplían el papel de transmisoras del conocimiento filosófico y teológico que los pastores y evangelistas necesitaban. Como herederas de la reforma las iglesias protestantes se caracterizaban por la calidad de sus púlpitos. Los seminarios eran, entonces, indispensables para el ministerio y misión de la iglesia.
Una de las primeras consecuencias de este divorcio entre iglesia y educación teológica fue que ambas se encerraron en sí mismas.A partir de los años cincuentas la consolidación de las iglesias de trasfondo evangélico, con un fuerte énfasis en la evangelización y el crecimiento del pentecostalismo permitieron que el evangelio llegara a las capas medias y baja de la población. En este caso, tanto quienes recibían el mensaje, personas con baja o ninguna educación, como quienes compartían este mensaje, misioneros formados en escuelas bíblicas de EE.UU. con una preparación elemental, provocaron que la importancia de la educación teológica como esencial para el ministerio no se tomara en cuenta. 

Comenzó así una jornada en la que los seminarios y la iglesia cada vez se distanciaron más uno del otro. Las instituciones teológicas poco a poco dejaron de ser un instrumento para la misión de la iglesia y estas últimas sintieron que ya no necesitaban de la educación formal para realizar su labor.

Vidas paralelas

Una de las primeras consecuencias de este divorcio entre iglesia y educación teológica fue que ambas se encerraron en sí mismas, trataron de sobrevivir la una sin la otra y buscaron argumentos para justificar este camino de vidas paralelas.

Los seminarios
Los institutos bíblicos y seminarios intentaron iniciar, a partir de los años setentas, un proceso de «nacionalización» y superación académica. Buscaron contar con un cuerpo docente cada vez más autóctono y mejor preparado. Muchos de ellos fueron enviados a obtener sus postgrados en seminarios y universidades del extranjero. El nivel académico se elevó. Pero, paradójicamente, la distancia entre ellos y la iglesia creció. Se estableció como parámetro alcanzar el modelo de los centros de estudios europeos o norteamericanos. El objetivo fue la formación de teólogos al estilo de esas instituciones. La brecha entre el graduado que la iglesia pretende y lo que la institución teológica quiere formar se volvió cada vez más profunda.  La iglesia envía a sus candidatos para que se conviertan en pastores o líderes de ministerios y el seminario intenta devolverle teólogos.

El modelo especialmente europeo de teólogos/pastores fracasó. Si ese tipo de ministerio dio como resultado la muerte de la iglesia en Europa, ¿por qué pretender imponerlo en el contexto de una iglesia viva y dinámica como la de América Latina?

El ministerio del teólogo y el del pastor son diferentes. Aunque las instituciones teológicas continúan sin entender esta diferencia, tratan de cubrir las necesidades de la iglesia creando programas «ministeriales». Pero estos, en la práctica, son alternativas de segunda categoría que solo sirven para aliviar las conciencias.

La solución no es formar pastores y líderes ministeriales sin herramientas ni contenidos teológicos. El ministerio pastoral no puede quedar en manos de tecnócratas de la fe. Tampoco quisiera afirmar que no exista espacio para la formación de teólogos «profesionales». Al contrario, estamos convencidos de que como nunca antes se necesita esta clase de ministerio. El error estratégico de las instituciones teológicas es desperdiciar recursos humanos y materiales, pues creen que todo aquel que ingresa a un seminario es de por sí un teólogo en potencia.

Las iglesias
Descargar en las instituciones teológicas todo el peso del divorcio entre ellas y la iglesia sería injusto. Las iglesias intencionalmente han buscado alejarse de los seminarios, pues un espacio con cierto grado de libertad para ver y pensar desde una perspectiva distinta a la de ellas les representa un riesgo. La conocida frase —repetida mil veces desde los púlpitos— «aquí no hacemos teología» no ha sido más que un intento perverso para justificar cualquier ideología o creencia que se ha querido imponer sobre la congregación sin aceptar objeciones.

La esencia del problema estriba en una visión pragmática de la iglesia que mide el éxito ministerial por el tamaño de la congregación. Los criterios de verdad y fidelidad se miden con parámetros ajenos a las Escrituras. Cuanto más éxito alcance alguien en el ministerio, según esta medida, tanto más se esforzará por impedir cualquier reflexión teológica.

En este tiempo las iglesias también han sido invadidas por una ideología de «liderazgo de éxito», que pretende transformar a los pastores en gerentes. La predicación del evangelio se reduce a técnicas de mercadeo en las que, por supuesto, el pensamiento teológico no encuentra cabida.

En realidad, lo que hoy vivimos es una degradación del oficio pastoral. Se han reducido los niveles de calidad del ministerio. La consecuencia más directa es el analfabetismo bíblico de los evangélicos contemporáneos, quienes profesan una fe vacía de contenido. Se está levantando una generación de líderes instantáneos, ignorantes de las cuestiones teológicas fundamentales y sin herramientas para discernir lo verdadero de lo falso.

Preguntas pendientes
Hemos entrado en un tiempo nuevo. El crecimiento ya no ocurre al mismo ritmo, la iglesia evangélica se ha debilitado en su testimonio y los pastores han perdido su prestigio frente a la sociedad. Hoy muchos preguntan: «¿Por qué, si la iglesia creció, la sociedad no fue afectada?» Al contrario, junto al crecimiento de la iglesia evangélica también aumentó la violencia, el alcoholismo, la corrupción, etcétera. Es decir, por alguna razón el mensaje del evangelio no ha trastornado al mundo y esto no sucede por la impotencia del evangelio.

Creo que este inicio de crisis servirá, entre otras metas, para que la iglesia revise su estrategia de preparación ministerial. La iglesia del siglo XXI deberá pensar seriamente qué clase de ministro va a formar para que la sociedad sea transformada por el poder del evangelio. Es imprescindible entrar en una etapa de revalorización del ministerio pastoral y del sacerdocio de todos los creyentes. Esta necesidad exige una apertura al funcionamiento de todos los dones y ministerios, lo que requiere la preparación no solo de los pastores, según el modelo tradicional, sino de todos aquellos llamados a servir.
El autor (fiet@sion.com) es fundador y director de Instituto Teológico FIET, pastor de la Iglesia Evangélica Buenas Nuevas, y representante del Comité de Lausana para América Latina y el Caribe. Posee un doctorado de la Universidad de Birmingham. Como conferencista y profesor invitado ha visitado más de cincuenta países. Está casado con Carmen, con quien comparte tres hijos y seis nietos. Se adaptó de «La educación teológica en el siglo XXI», una ponencia presentada en Manila ante un grupo de educadores, en septiembre de 2005. Se usa con permiso. Todos los derechos reservados. Apuntes Pastorales XXVII-6, derechos reservados.
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6 Comentarios
Frank Artavia
el seminario no deja de ser una herramienta de utilidad, pero no es impresindible, la prueba es q la iglesia latinoamericana ha salido adelante con exito unicamente x la accion del Espiritu Santo. Seminaristas sin sensibilidad al Espiritu Santo no funcionan en ninguna parte del mundo, los verdaderos pastores son los q escuchan y siguen la voz DEL PASTOR DE PASTORES, quien es dueno de la iglesia. E... Leer mas »
Escrito el 07 Octubre, 2010
Marilyn
Excelente!! muy pocas veces nos hacemos estas preguntas y reflexionamos al respecto
Escrito el 24 Marzo, 2011
Yennie Villalobos
Me hace mucho sentido este articulo en mi vida , no soy Lider de nada pero si lo soy cuando hablo de mi Señor y si que necesito instruccion y que venga acompañado de la uncion del ES.
El argumento de la Palabra de Dios es fundamental para aclarar las dudas existenciales de las personas que nos rodean, sino van a otros que los engañan como dice la palabra y ganan adeptos.
Escrito el 19 Abril, 2011
Carlos E Mata G
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Escrito el 04 Septiembre, 2011
leonel lucumi chantre
el seminario alluda abrieltendimiento ypoder esponer elmensaje porque no podemoscer neofitos mas tenemos que buscar launcion poderosa del espiritusanto el nosda rebelacion profunda dos secretos de DIOS
Escrito el 15 Septiembre, 2011
Leandro Grullon
La realidad en la que me ha tocado palpar es que muy pocas cangregaciones siembran en sus potenciales lideres a futuro esto hace que cuando se necesite uno van y lo eligen al mejor estilo de los establecimientos de comida rapida, el que este listo primero.
Escrito el 30 Septiembre, 2011
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