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Liderazgo

Libere ese potencial

1 junio, 2012942 visitas

1. Haga de las misiones un tema de conversación, enseñanza y predicación en la vida cotidiana de la iglesia

Una de las técnicas de formación que Jesús utilizó con los discípulos fue proveerles de un marco de enseñanzas y experiencias en el cual podían expresar sus inquietudes y preguntas al respecto (Mt 13.10ss; Mr 7.17ss; Lc 11.1). Un paso indispensable es crear este mismo marco de diálogo, convirtiendo las misiones en uno de los temas comunes en la vida de la congregación, lo cual es posible si se emplean algunos (o todos) de los siguientes medios:

  • Enseñar los principios bíblicos sobre el tema.
  • Compartir material tomado de los relatos de algunos de los grandes misioneros de la historia.
  • Programar visitas regulares de personas a la congregación que puedan dar testimonio o hacer presentaciones sobre este tema.
  • Empezar a levantar regularmente una ofrenda destinada exclusivamente a las misiones transculturales.
  • Aprovechar las paredes de algún salón para exhibir mapas e información interesante sobre las regiones del mundo más necesitadas del evangelio.

2. Esté atento a las personas que le traen inquietudes al respecto

En la medida en que el tema se convierte en parte de la vida cotidiana, Dios irá inquietando el corazón de las personas con un peso especial por las misiones. Entre este grupo de «buscadores» pueden estar los potenciales candidatos a la obra, incluso personas que usted probablemente no habría considerado como posibles misioneros. No olvide que Dios escoge según sus propios parámetros y que, frecuentemente, elige a quienes nosotros consideramos inadecuados. La sabiduría del Señor es necedad para nosotros (1Co 1.26–29). ¡Permita que Dios lo sorprenda!

3. Provea estímulos para ellos dándoles oportunidades para leer, aprender y estar expuestos al tema de misiones

Una de las causas de mayor frustración en una congregación es desafiar a las personas desde el púlpito y luego, no proveer los medios para avanzar en el cumplimiento de este desafío. De igual manera que lo hace un padre con sus hijos, el pastor puede ser un instrumento valioso para seguir estimulando el crecimiento de las personas mediante la provisión de materiales y oportunidades. De esta forma se ofrecerán mayores recursos para entender y evaluar el llamado que están experimentando. Sugerimos algunas de estas posibilidades:

  • Provea libros, revistas, artículos y otros materiales de interés para que estudien por su propia cuenta.
  • Anime a participar en congresos y actividades relacionadas con el mundo de las misiones.
  • Estimule el contacto con personas que han estado en el campo misionero.
  • Aproveche los vastos recursos de Internet.

Este proceso de profundización en el tema proveerá al pastor una valiosa oportunidad para discernir cuáles personas tienen un verdadero llamado y cuáles son llevadas por un entusiasmo pasajero.

4. Provea oportunidades para que desarrollen sus dones en ministerios locales

Los futuros misioneros deben mostrar su fidelidad y capacidad dentro del ámbito de la congregación local. Por lo tanto, es importante proveer para ellos la oportunidad de practicar la misión en este entorno y estimular una sana participación en los proyectos de extensión de la iglesia. Jesús permanentemente proveyó a los discípulos de oportunidades para ejercitar su ministerio en un contexto supervisado (Mr 6.37; Lc 9; Lc 19.29).

Tales proyectos no solamente deben incluir actividades para bendecir a los de afuera, sino también reuniones de oración y encuentros para movilizar fondos para la obra en diferentes partes del mundo.

5. Seleccione con parámetros celestiales

Una de las características que el profeta Isaías resaltó en el Mesías es que no juzgaría por lo que verían sus ojos, ni tampoco por lo que oyeran sus oídos, sino que lo haría con juicio justo (Is 11.3–4). De hecho, en la vida de Jesús las personas que se le acercaron con aparentes condiciones fueron rechazadas y las que no poseían ningún tipo de «aptitud» fueron escogidas, porque el Salvador discernía en el Espíritu realidades que no se ven con los ojos. Es más, antes de llamar a los Doce pasó toda una noche orando a solas (Lc 6.12). Por tanto, no se confíe usted de sus propias capacidades de observación y evaluación. Busque la aprobación del Señor de la iglesia, quien con frecuencia contradice lo que nosotros consideramos «aceptable».


6. Establezca metas de formación realistas

Es importante preguntarse cuáles son las cualidades y características que necesitan tener las personas que van a salir al campo. La iglesia ha pecado en dos sentidos con respecto a esto: ha enviado con demasiado apuro a personas con escasa preparación, o ha puesto parámetros para la aprobación de un obrero que ¡ni el apóstol Pablo hubiera cumplido!

Por esa razón, debemos establecer metas realistas para las personas con las cuales estamos trabajando, recordando la paciencia y la misericordia que otros tuvieron con nosotros durante los años en que éramos novatos. Jesús deliberadamente postergó algunas enseñanzas en la formación de los discípulos para el futuro. Les ofreció solamente lo necesario para el próximo paso en su trayectoria (Mt 10.19–20, Jn 16.12–13).


7. Tome riesgos

¡Atrévase a cometer errores! Si bien es cierto no debemos apurarnos en la imposición de manos —1Tim 5.22— para no cometer errores innecesarios, también es verdad que en el ministerio igualmente habrá equivocaciones. El hijo de perdición fue parte del grupo de discípulos de nuestro Señor, aunque no por error del Mesías. Pablo se equivocó en su evaluación de Marcos y tuvo que arrepentirse de esto. Esto nos demuestra que debemos ser valientes y no permitir que el temor al error paralice nuestra capacidad de decisión. El deseo de asegurar la calidad de los resultados solamente sofoca el crecimiento en la vida de los discípulos en formación.


8. No imponga límites sobre lo que Dios quiere hacer

La obra misionera pertenece al Señor de la mies. Durante décadas, pastores de poca visión han frustrado el llamado a las misiones en sus congregaciones argumentando que todavía no se ha terminado la obra en sus propios barrios. Esta es la misma visión limitada que llevó al primer gran conflicto ministerial en la iglesia de los primeros tiempos; quienes estaban en Jerusalén creían que toda obra fuera de Israel era innecesaria (Hch 15).

Afortunadamente, prevaleció la sabiduría de los apóstoles y decidieron, con gran mérito, dedicarse algunos a la obra en Jerusalén mientras se daba libertad a otros para que se extendieran a los gentiles. El resultado fue la iglesia con varios frentes a la vez.

No limitemos, entonces, a las personas a trabajar solamente en los lugares por los cuales nosotros tenemos carga. Hacen falta obreros en todas partes y las necesidades son inmensas. Es bueno que recordemos las palabras de Gamaliel, quien advirtió al Sanedrín que su celo podía llevarlos a terminar peleando contra Dios mismo (Hch 5.34–40). ¡Lo que no es del Señor se caerá solo, y lo que él ha aprobado ninguno podrá detener!

Apuntes Pastorales, Volumen XXII Número 1. Todos los derechos reservados

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Salmo 1:3 RVC