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Mujer

Socios para cumplir la misión

26 febrero, 20131305 visitas

Pablo nos enseña que la unidad cristiana es creación de Dios, basada en nuestra reconciliación con él y de unos con otros. Esta doble reconciliación ha sido lograda a través de la cruz. Cuando vivimos en unidad y trabajamos en forma asociada, demostramos el poder sobrenatural y contracultural de la cruz. Pero cuando demostramos nuestra desunión al no lograr asociarnos, degradamos nuestra misión y nuestro mensaje, y negamos el poder de la cruz.

 

Mujeres y hombres en asociación

La Biblia afirma que Dios creó a hombres y mujeres a su imagen y les dio dominio, juntos, sobre la tierra. El pecado ingresó en la vida y la historia humanas a través del hombre y la mujer actuando juntos en rebelión contra Dios. A través de la cruz de Cristo, Dios trajo salvación, aceptación y unidad a hombres y mujeres por igual. En Pentecostés, Dios derramó el Espíritu de profecía sobre toda carne, hijos e hijas por igual. Por lo tanto, las mujeres y los hombres son iguales en la creación, en el pecado, en la salvación y en el Espíritu.1

 

Todos nosotros, mujeres y hombres, casados y solos, tenemos la responsabilidad de emplear los dones de Dios en beneficio de los demás, como administradores de la gracia de Dios y para la alabanza y la gloria de Cristo. Por lo tanto, todos nosotros somos responsables también de permitir a todo el pueblo de Dios ejercer todos los dones que Dios ha dado para todas las áreas de servicio a las cuales Dios llama a la Iglesia.2 No debemos apagar el Espíritu despreciando el ministerio de ninguna persona.3 Además, estamos decididos a ver el ministerio dentro del cuerpo de Cristo como un don que es dado y una responsabilidad en los que somos llamados a servir, y no como una posición y un derecho que exigimos.

 

A. Sostenemos la posición histórica de Lausana: «Afirmamos que los dones del Espíritu Santo son repartidos a todo el pueblo de Dios, tanto a las mujeres como a los hombres, y que se debe promover la participación de todos en la evangelización para el bien común».4 Reconocemos el enorme y sacrificado aporte que las mujeres han hecho a la misión mundial, ministrando tanto a hombres como a mujeres, desde los tiempos bíblicos hasta el presente.

 

B. Reconocemos que hay diferentes puntos de vista sostenidos sinceramente por personas que buscan ser fieles y obedientes a la Biblia. Hay quienes interpretan que la enseñanza apostólica da a entender que las mujeres no deben enseñar ni predicar, o que pueden hacerlo, pero no en autoridad exclusiva sobre los hombres. Otros interpretan que la igualdad espiritual de las mujeres, el ejercicio del don edificante de la profecía por parte de mujeres en la iglesia del Nuevo Testamento y el hecho de que funcionaran iglesias en sus casas implican que los dones espirituales del liderazgo y de la enseñanza pueden ser recibidos y ejercidos en el ministerio tanto por hombres como por mujeres.5 Llamamos a quienes están en diferentes lados de la polémica a:

 

  1. Aceptarse mutuamente sin condenación con relación a los temas que son motivo de disputa, porque, si bien podemos estar en desacuerdo, no tenemos ninguna base para la división, las palabras destructoras ni una hostilidad impía entre nosotros.6
  2. Estudiar la Biblia cuidadosamente, juntos, tomando debida cuenta del contexto y la cultura de los autores originales y los lectores contemporáneos.
  3. Reconocer que donde hay un dolor auténtico debemos mostrar compasión, donde hay injusticia y falta de integridad debemos plantarnos en contra, y donde hay resistencia a la obra manifiesta del Espíritu Santo en cualquier hermana o hermano, debemos arrepentirnos.
  4. Comprometernos a un modelo de ministerio, masculino y femenino, que refleje el carácter de siervo de Jesucristo y no la búsqueda de poder y estatus mundanos.

 

C. Alentamos a las iglesias a reconocer a las mujeres piadosas que enseñan y son ejemplo del bien, como ordenó Pablo,7 y a abrir puertas de oportunidad más amplias para las mujeres en la educación, el servicio y el liderazgo, especialmente en contextos donde el evangelio desafía tradiciones culturales injustas. Anhelamos que las mujeres no se vean obstaculizadas en el ejercicio de los dones de Dios ni en seguir el llamado de Dios para sus vidas.

 

Se tomó de «Asociarse en el cuerpo de Cristo para la unidad en la misión» de El Compromiso de Ciudad del Cabo. documents@lausanne.org. ©2011 El Movimiento de Lausana.

 

Preguntas para estudiar el texto en grupo:

1.     ¿Cuál es el mensaje que damos al mundo cuando hombres y mujeres vivimos en unidad y trabajamos en forma asociada?

2.     ¿Qué luz arroja sobre el tema de mujeres y hombres trabajando como socios el hecho de que Dios haya derramado el espíritu de profecía sobre toda carne, hijos e hijas por igual?

3.     ¿Cuáles son las cuatro recomendaciones del Compromiso de Ciudad del Cabo a quienes están en distintos lados de la polémica de la participación de la mujer el ministerio?



1 Génesis 1:26-28; Génesis 3; Hechos 2:17-18; Gálatas 3:28; 1 Pedro 3:7

2 Romanos 12:4-8; 1 Corintios 12:4-11; Efesios 4:7-16; 1 Pedro 4:10-11

3 1 Tesalonicenses 5:19-20; 1 Timoteo 4:11-14

4 El Manifiesto de Manila, 1989, afirmación 14

5 1 Timoteo 2:12; 1 Corintios 14:33-35; Tito 2:3-5; Hechos 18:26; 21:9; Romanos 16:1-5,7; Filipenses 4:2-3; Colosenses 4:15; 1 Corintios 11:5; 14:3-5

6 Romanos 14:1-13

7 Tito 2:3-5

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