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Consejeria

Ganando al perder

30 septiembre, 20091400 visitas

Querido Felipe:
Hemos pasado una buena cantidad de tiempo tratando cosas que se pueden hablar cotidianamente. Pero es probable que también hablemos de algunas otras que requerirán de un enfoque diferente.
Déjame contarte acerca de un esposo muy sabio que conocí y de cómo él usó una retirada estratégica para lograr su meta de largo alcance.
Parece que la tía de su esposa les había dado un jarrón victoriano que había estado en la familia desde la época de "Enrique tal o cual". Él decía que la única manera en que podía describirlo era que se veía como un accidente de esquí. Ella decía que le parecía una reliquia rara y elegante. Para él los colores eran chillones; para ella, sencillamente preciosos. (Como lo dije antes, era de la familia de ella). Él mismo reconoció que estaba siendo un esposo torpe y que no llegaría a ninguna parte con esas tácticas. Pero, además de todo eso, el jarrón era enorme, y ése era el problema. Ella insistía en conservarlo como el objeto central de su sala. Esto significaba que estaría en una de esas mesas grandes y bajas. Estaba ubicado en el centro de la habitación porque simplemente no se veía bien en ningún otro lugar.
Por largo tiempo, esa monstruosidad pareció dominarlo todo en su hogar. También dominaba la conversación de la pareja. De hecho, él me dijo que aun sus veladas giraban alrededor de la pregunta: "¿Qué otra cosa haremos esta noche además de discutir por el ‘accidente de esquí’?"
Ahora bien, este hombre meditó un poco en el asunto, y finalmente lo entendió. Él mismo reconoció que estaba siendo un esposo torpe y que no llegaría a ninguna parte con esas tácticas. Así que determinó retroceder y tratar de nuevo.
Además, era alguien que estaba en capacidad de poder hacerlo. Manejaba un gran negocio, con muchos empleados, y a diario tomaba decisiones que requerían de una auténtica sabiduría. Él se enorgullecía de su capacidad para liderar personas, alentar vendedores, evaluar mercados, y ver los múltiples aspectos de cada situación.
Después de aplicar su capacidad mental en el "accidente de esquí", se decidió por un plan. Una noche regresó a su casa y sugirió que en ese mismo instante volvieran a arreglar la sala.
"¡Oh no, no lo harás!", dijo ella. "¡Sé lo que te estás proponiendo! ¡Ese vaso no se moverá! Es una pieza valiosa de colección, una reliquia delicada, etc., etc.".
Pero muy para su sorpresa, él le dijo: "Liliana, lamento haber sido tan terco. Renuncio. Dejemos el jarrón donde está y arreglemos la sala en torno a él".
Una vez que ella se hubo levantado del suelo y recuperado sus fuerzas, ambos empezaron a llevar a cabo justo lo que él había planeado. Después de todo, cuando un hombre capitula hasta tal punto, es casi imposible que una mujer diga "no" a una simple solicitud como la de mover los muebles. Además, ella siempre disfrutó de esas ocasiones. Lo hacían con bastante regularidad. Era uno de los juegos favoritos de ambos.
Y aquí debo contarte un poquito más acerca de esta pareja. Ellos amaban su hogar como pocos que yo haya conocido. Era hermoso. También se amaban mucho el uno al otro, y eso también era hermoso. Su pasatiempo favorito era sentarse juntos después de la cena para leer o conversar, algunas veces tomados de la mano, otras diciendo nada, otras tratando cosas importantes o no acerca de cómo habían pasado el día, y comentando de lo uno y de lo otro.
Y ahora viene la parte inteligente. Ya que él era un as en administración, dispuso las varias piezas de la habitación de tal manera que la silla de "él" estuviera directamente en frente del lugar preferido de "ella" en el sofá. Y entre ambos estaba situado "el accidente de esquí" ("la reliquia elegante").
Él me dijo que tenía la sensación de que ganaría desde esa primera noche. En medio de su lectura, como ella solía hacer, comentó: "Harry, ¿has leído esto acerca de…" Y entonces, estiró el cuello para ver si él la estaba escuchando. Él también estiró el suyo, haciéndoselo notar.
Esta situación continuó por algún tiempo. Naturalmente, él empleó otras tácticas "eliminatorias del jarrón", como las llamaba. Algunas veces le decía: "¿Sabes, querida? No hay nada que me guste más que sentarme aquí en la noche y mirarte".
"Tú también me gustas", decía ella, mirando por un lado del jarrón.
Después, naturalmente, había ocasiones en que uno de ellos se movía de su sitio para hacer lo que ya te dije -tomarse de las manos y cosas por el estilo. En varios de estos viajes por el lado de la mesa, uno o el otro, algunas veces arrastrando un periódico, casi vuelca el tesoro. (Él jura que nunca lo hizo a propósito, y supongo que fue así, ya que se trataba de un hombre honorable).Conociéndolos a ambos, estoy seguro de que siguen sentados allí en las noches leyendo, hablando, e intercambiando miradas sin nada que se los impida. ¿Y por qué no movió él su silla? Yo también me hice esta pregunta y se lo hice saber. Él dijo que era por el cordón de la lámpara y porque a ambos les gustaba estar donde estaban.
Ya habrás adivinado el resultado. Un día, varias semanas después, él llegó a casa, y ¿dónde crees que estaba el jarrón? En un rincón del comedor, en el suelo. Él me confesó que casi comete un terrible error. Comenzó a decir: "Oh, veo que has…." Y entonces se calló a tiempo. "Oh, ya veo", dijo. "¡Te has recogido el cabello! Así es como lo llevabas la primera vez que te vi. Me gusta así".
Le pregunté si alguna vez volvieron a discutir por el jarrón. "¡Ni hablar!", casi gritó. "Ya no hay por qué hacerlo". (Apenas me parece posible que un hombre pueda ser tan noble ¿Cómo podía abstenerse de sacar a relucir su triunfo por lo menos alguna vez, para regodearse un poquito? Pero algunos hombres tienen más de lo que yo tengo para ser así de nobles). De cualquier modo, no pude pensar en ninguna otra razón por la que ellos tuvieran que volver a discutir el asunto, excepto para divertirse un poquito.
Algunas veces me he preguntado dónde estará el jarrón acumulando polvo hoy. ¿Estará en el ático, en el sótano, o en el armario de la sala? Conociéndolo a él, estoy seguro de que ha sido ella la que finalmente ha guardado el jarrón, no importa donde. Y conociéndolos a ambos, estoy seguro de que siguen sentados allí en las noches leyendo, hablando, e intercambiando miradas sin nada que se los impida. Y conociéndola a ella, estoy seguro de que algunas veces sonríe y agradece al Señor por un buen hombre que pudo manejarlo todo tan bien, pero especialmente, porque pudo manejarla a ella con el toque hábil de un esposo sabio. Me pregunto quién acuñó la frase: "No puedo ganar al perder". Quienquiera que fuera, había algo que no sabía. Algunas veces, en el matrimonio, se consigue lo que se quiere mañana, cediendo algo de terreno hoy.
Sigue pensando,
Papá.

Tomado de Charlie W. Shedd, Cartas a Felipe : sobre cómo tratar a una mujer. Usado con permiso.

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