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Liderazgo

En la búsqueda de una pastoral eficaz para ciegos

15 julio, 2005517 visitas

Pastoral, tal como la entendemos nosotros es una adecuación de la fe a las necesidades vivenciales de los seres humanos, puede ser, y de hecho es, una labor imprescindible de toda la iglesia por lograr el conocimiento y las realizaciones del hombre y la mujer en su vida íntegra con el auxilio siempre importante y necesario de la fe en Jesucristo.


En los últimos tiempos en todas partes del mundo se está dando un trabajo a profundidad en lo que se refiere a poner la fe en camino de las realizaciones humanas y en adecuar la fe a las realidades existenciales de todos los hombres y las mujeres.


A nosotros nos ha parecido que el trabajo pastoral con los ciegos y disminuidos visuales requiere de cierto adiestramiento y capacitación muy específicos, por poseer este grupo características muy particulares y por ser la fe un instrumento básico, más bien imprescindible, para la plena realización humana de este importante, aunque no mayoritario, sector de nuestras iglesias.


Hay determinadas condiciones que hacen este trabajo pastoral más complicado y delicado.


Por una parte, la intuitiva, pero lacerante, lástima que a la mayor parte de la población causan los ciegos; por otro lado, la sobreprotección que familiares y amistades suelen brindar a los que no tienen el más preciado de los sentidos, la vista; y no podemos dejar de señalar otro factor negativo presente entre nosotros en la atención a los ciegos, la sobre valoración. Este último es a veces más dañino que los factores anteriores. Un ciego que camine sin tropiezos o que corra con presteza, que lea con agilidad, que pueda conocer por la voz o los pasos a familiares y amigos, y que demuestre otras habilidades adquiridas con el uso de sus restantes sentidos y su amplio poder de concentración no son factores de encomio, sino habilidades naturales que se desarrollan imperativamente y que en su ensalzamiento pueden crear trastornos serios de personalidad.


Características del ciego


(Elementos introductorios)


El ciego, como el resto de los seres humanos, es un producto básico de las relaciones que ha logrado establecer con su medio, de allí que, como factor predominante en el análisis delas características sicólogas del mismo, debemos partir del análisis del entorno en que este discapacitado se desenvuelve.


En tanto y cuanto podamos reconocer y analizar el medio, podremos entender mejor los principales rasgos sicólogos de nuestro hermano o hermana ciega.


Nunca un ciego aislado por el abandono familiar o social podrá responder de igual manera a aquel que vive en el seno de una familia que se preocupa por sus necesidades básicas. No olvidemos que el ser humano es un ente eminentemente social y que básicamente requiere de otros hombres y de otras mujeres, para su realización. Concretamente consideramos que existen determinadas condiciones sociales que facilitan el desarrollo del ciego.


Brindarles amor


Precisamente, San Pablo escribió en su primera Carta a los Corintios «el amor todo lo puede». En realidad el principal factor para el tratamiento a los ciegos y para la búsqueda de su plena realización humana no puede ser otro que el basamento del amor. Este ha de entenderse en las dos vertientes:


recibirlo y darlo.


Obviamente el expresar al ciego amor es lo primordial porque esto le demuestra que no es un ser menospreciado o tenido en poca estima por su discapacidad, sino que, por el contrario, es parte del mundo que ama. Es necesario ser cuidadoso y no confundir jamás el amor con la lástima. Un ciego, aun el menos inteligente, detectaría inmediatamente, incluso por la inflexión de la voz, cuál es el sentimiento con el que se allega el prójimo a él.


Oportunidades de trabajo


Este es un factor muy importante. El trabajo es un don de Dios para el género humano. Con él logramos la realización de nuestros más altos ideales. Un ciego que obtiene su incorporación al trabajo, que crea con sus manos bienes de consumo para otros, que siente la utilidad de su acción, en ningún momento podrá considerarse estorbo o carga para los demás.


Comunicación real y sensible


El aislamiento individualiza, paraliza la acción. El ciego es un ser en extremo comunicativo y requiere la comunicación como un factor sicológico de importancia. Aun cuando el ciego se incorpore al trabajo, la comunicación no se logra plenamente si no se analizan los factores determinantes en la realización de ésta, especialmente en la necesidad de ser escuchas atentos del ciego, que utiliza la voz mucho más que otro tipo de personas. En la comunicación con los ciegos hay que tener sumo cuidado en que ésta se dé principalmente por los sonidos, nunca por gestos o mímica. La incomunicación entre con los ciegos les crea:


•Necesidad de hablar poco.


•Oír más que lo que se habla.


•Trastornos de personalidad.


•Indecisiones.


Debemos luchar por combatir el aislamiento, tanto el que en determinados momentos la propia sociedad impone a los ciegos como también el que provenga de éstos por imperativos del medio donde se han desenvuelto. Debe distinguirse sabiamente aquello que sea necesario realizar entre los propios ciegos y aquello que deba realizarse en el conjunto de todos los seres humanos. En Europa actualmente hay un creciente movimiento hacia la absorción de los ciegos en todas las esferas de la vida cotidiana, incluso se tiene la tendencia a la eliminación de las escuelas especializadas para ciegos basándose en la premisa de que el mundo en el que tendrán que desenvolverse en la vida adulta no es el de los ciegos que aprendieron en la escuela elemental o primaria especializada.


Hay determinados factores en el trato hacia los ciegos que pueden crear mecanismos de defensa y serios trastornos de personalidad, como son:


•Falta de sinceridad.


•Desarrollo de mecanismos defensivos.


•Inescrupulosidad en las acciones.


Es frecuente, por incapacidad o maldad, que estos tres factores aberrantes se encuentren presentes en el trato a los ciegos. Éstos se enardecen ante tales circunstancias y a veces sus reacciones son violentas.


Hay determinadas características


sicológicas en los ciegos de nacimiento que no se evidencian en igual intensidad en los que quedamos ciegos en la vida adulta, entre otras citaremos:


•Desconfianza.


•Agresividad.


•Autoestima (sobreestimación de


sí mismo).


De estas características se infiere que al niño ciego de nacimiento hay que brindarle un tratamiento específico y adecuado. Especialmente que se le permita sentir un amor que genere confianza, relaciones de convivencia justas y adecuadas que barran con la agresividad y un nivel de relaciones lo más igualitario posible en el hogar que no ensalce sus potencialidades.


Debemos dedicar un párrafo aparte al rasgo sicológico más característico de los ciegos, ya antes mencionado.


Me refiero a la excesiva sensibilidad que tienen, más evidente en los que nacieron sin este sentido. El ciego puede reconocer con mucha más facilidad que un vidente las intenciones de las palabras, percatarse de los estados anímicos de su interlocutor y la insinceridad en el trato, entre otros factores. Es frecuente en los ciegos la irritación y las neurosis depresivas, ambas están muy vinculadas con las notorias posibilidades sensitivas de los ciegos. Este factor debe tomarse muy en cuenta en el trabajo pastoral con estos hombres y mujeres.


Fe, oportunidades y espiritualidad.


Aunque puede haber, y de hecho hay multitud de ciegos que no aceptan la realidad de Dios, la generalidad de ellos y su amplia posibilidad de interiorizar la vida y las relaciones de convivencia social lo acercan al conocimiento de la verdad.


El ciego suele buscar refugio en lo trascendente, aun cuando no lo pueda identificar con el Dios de la Biblia. El ciego que generalmente es poco


confiado en los seres humanos, sí lo es con fuerza en lo sobrenatural. Nos atrevemos a señalar algunas características notables entre la mayoría de los ciegos:


•Crédulo.


•Lealtad a la fe.


•Desarrollo de una relación íntima con Dios.


•Confianza en el poder Divino.


La «religiosidad» puede ser un factor negativo en la vida espiritual de los ciegos. Esta es una tendencia natural entre nosotros que solamente puede ser combatida con el conocimiento y la madurez en las relaciones de fe. La «religiosidad» de los ciegos está muy vinculada con la tendencia al aislamiento que sufrimos cuando las condiciones sociales de nuestra formación y vida no son las más correctas. La iglesia deberá velar por ello.


La fe cristiana ha de ser para los ciegos, como para la generalidad de los seres humanos:


•Acción liberadora.


•Realización plena.


•Fuente de esperanza.


En el primer aspecto, debe encontrar en la fe el agente transformador de la existencia humana y de la suya propia. Con la fe ha de lograr el término de los factores negativos que le inhiben y lastran su actitud hacia la vida misma. En segundo lugar, su autorrealizacióny la comprensión de los demás será encontrada en una fe vivencial y real que le posibilite el disfrute de una vida abundante como la que el Maestro proclama en Juan 10:10. Una pastoral adecuada para los ciegos deberá atender las siguientes necesidades:


•Comprensión.


•Solidaridad.


•Realización.


•Comunicación.


Indiscutiblemente que el material adecuado en la pastoral para los ciegos es la Biblia. Debe procurarse la vinculación de ellos al estudio sistemático de la misma, para ello debe conseguirse en primer lugar el aprendizaje del Sistema Braille para posteriormente proveerles Biblias o porciones en dicho sistema. También son válidas las audiocintas o discos compactos que existen con la Biblia grabada.


Los maestros de la escuela dominical o sabática, según el caso, han de proveer, con suficiente anticipación, el texto donde se encuentra la lección a los invidentes de su grupo de modo que ellos puedan leerlo o escucharlo antes de la reunión de estudio de la semana. Es conveniente que se utilice a los lectores Braille en las reuniones de la iglesia en determinados momentos, tal como se hace con otros participantes. Siempre debe cuidarse que esto sea algo de rutina y no mero exhibicionismo. La exaltación desmedida de la calidad de la lectura puede ser dañina por lo que se tratará este asunto con naturalidad.


Una dificultad de los ciegos es el seguir los rituales de las iglesias litúrgicas. Estos en ninguno de los casos están pasados al Braille y los invidentes son sólo espectadores en estas congregaciones. La memoria de los ciegos, si se ejercita, es muy buena. Los pastores y guías de las congregaciones deben ayudar en la memorización de las partes del culto que requieren lecturas, si es que estas no se pasan al Braille previamente. Tanto en estas congregaciones litúrgicas como en las de ritual libre y abierto el problema de los himnos es también de consideración. Al no poder seguir el canto con el himnario debe preverse el que los invidentes tengan su copia en Braille con los himnos que sean programados para ese día de manera que puedan aprendérselos de memoria y unirse plenamente a la adoración.


Un momento especialmente difícil para el ciego en el culto es el ofertorio. Los encargados de recoger las ofrendas deben tener en cuenta la limitación que tienen los ciegos de no ver el platillo y tendrán ayudarle, bien guiándole la mano, o susurrándole al oído que es el momento de ofrendar o simplemente tocándolo en el hombro, siempre y cuando esto se haya convenido previamente.


Lo anterior es válido también para el servicio de comunión. Cualquiera que sea el ritual o la forma de dar comunión o eucaristía debe entrenarse al ciego y a los oficiantes de manera que los invidentes participen plenamente y sin temor a dañar la ceremonia. La naturalidad ha de ser un factor de peso en estos menesteres. Al ciego no le gusta hacer el ridículo, como a ninguna persona le agradaría errar. Los saludos, o la paz, en las ceremonias religiosas es un momento muy desagradable para el que no ve, si es que no se toma en cuenta su limitación. Dar la mano sin identificarse no es un acto de paz o amistad; por otra parte el tumulto, y a veces el atropellamiento en los saludos finales del culto, alteran al ciego, que poco a poco va evadiendo estos momentos y se va aislando de una relación social tan efectiva y positiva. Un vidente deberá acompañarlo en estos trances e ir identificándole a las personas que se le acercan, las cuales tomarán la mano del ciego para saludarle sin esperar a que éste «adivine» que la


mano está extendida. Una pastoral adecuada ha de luchar porque los ciegos no sean en la adoración simples espectadores, sino actores de peso e importancia. Esto posibilitará la vinculación de los ciegos a la vida misma, y no contribuirá a su aislamiento.


El programa misionero y evangelístico de la iglesia deberá tomar en cuenta a estos hermanos y hermanas, y vincularlos de acuerdo con sus posibilidades y vocación. Su presencia en comisiones y equipos, departamentos o comités, ha de contribuir a su autorrealización y hacerlo sentir parte de la vida de la iglesia local.


Por otra parte, una pastoral adecuada incluye la comprensión de sí mismo. El agente de la pastoral ha de luchar porque el ciego se percate de sus inmensas posibilidades de realización y lo vinculará al quehacer de la comunidad misionera.


Toda iglesia deberá participar en sesiones de adiestramiento en “cómo ayudar al ciego”. Existen folletos y materiales adecuados sobre el tratamiento a los invidentes. Una congregación preparada para tales menesteres, hará mucho más feliz la vida del ciego, especialmente en su relación con la iglesia.


Una adecuación de la fe a las realidades del ciego deberá tomar siempre en cuenta sus limitaciones, de manera tal que en nuestra vida de fe encontremos realización, solaz y comprensión. Esto no siempre se consigue entre los no creyentes.


Es conveniente insistir en que la fe no debe considerarse nunca como paliativo para la limitación existente, sino como agente transformador e impulsor de la vida de este conjunto de personas. No es resignación lo que la fe da, sino comprensión, una pastoral adecuada ayudará en tal sentido.


El poder liberador del evangelio deberá hacerse valer entre los ciegos que no conocen a Jesucristo, para lograr en ellos la transformación de aquellos factores negativos de la personalidad que inciden en su carácter, tales como:


•Desconfianza.


•Excesiva sensibilidad.


•Sobreestimación.


•Incomunicación.


•Individualismo.


La fe cristiana es contraria a estos factores negativos y su adecuación, con tacto y paciencia, serán agentes liberadores y evangelizadores para una pastoral con ciegos.


No podemos descuidar la especificidad de este conjunto de creyentes. La realidad nos dice que las iglesias nacionales, o las asociaciones regionales de congregaciones locales no pueden desarrollar por sí mismas un programa eficaz de atención a las necesidades específicas de los ciegos, por ello es valedero un trabajo ecuménico en el cual interdenominacionalmente se aborden problemas y soluciones.


Entre las recomendaciones posibles para la realización del trabajo pastoral interdenominacional con ciegos apuntamos:


• Realización de encuentros, seminarios, talleres y campamentos.


• Seminarios de adiestramiento a los pastores o agentes de pastoral sobre la atención adecuada de los ciegos.


• La construcción o adquisición demedios tiflológicos tales como bastones, máquinas de escribir en Braille, papel para escribir, materiales en este sistema, relojes parlantes y otros.


• Consecución de planes e interrelación con la Asociación de Ciegos del país. No consideramos que con el presente trabajo hayamos abarcado todo lo que se necesita en este campo, cuyas potencialidades son infinitas. Valoramos que este es el inicio de una búsqueda siempre abierta a nuevas formas y métodos.


Tomado de Ministerial formation, número 92, del CMI, enero de 2001. Usado con permiso.
El Rev. Noel o. Fernández es un pastor bautista de Ciego de Ávila, Cuba. Es director del trabajo pastoral La gente difrentemente capacitada del Concilio Cubano de Iglesias.
Es miembro de la Ecumenical Disability

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