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Ministerio

El mensaje, ¿ya pasó?

15 julio, 2009845 visitas

"Vamos a comenzar esta reunión alabando al Señor con el himno N°. 379. "Santo, Santo, Santo, Señor Omnipotente…

Desde que en la iglesia te designaron como director del canto congregacional, has esperado este momento de comenzar la reunión con una mezcla de sentimientos de gozo, temor, privilegio, responsabilidad.

Tienes delante tuyo tu congregación (pueden ser diez o cien, pero forman parte de tu congregación), y estás compartiendo con ella lo que has recibido del Señor. Sí, porque cada himno que habrás elegido, comenzando con éste tan glorioso —"Santo, Santo, Santo, te adoro reverente"— ha sido consultado con Dios. Tu deseo más ferviente es servirle en lo que consideras tu ministerio; y, como servirle es lo más extraordinario que puede hacerse sobre la tierra, lo has tomado muy en serio.

Gracias a Dios. Y me parece muy bueno que lo consideres un ministerio a la par del que tiene el pastor. Porque al fin de cuentas, los himnos que vas a dirigir, los has elegido en estrecha colaboración con Dios y con tu pastor, porque estás muy consciente que ellos van a preparar tu corazón, el del pastor, y el de cada persona que está aquí, para la recepción del mensaje de la Palabra de Dios.

Gracias a Dios también por esto. Nos ha sido de tanta bendición que al escoger los himnos también pensaste en tus hermanos. Te acordaste de aquel que ha perdido recientemente uno de sus familiares, como también el de la señora que estaba en tantas dificultades. Y no se te escapó el caso de esa señorita que está a punto de hacer su decisión. Y has hecho el descubrimiento (¡bendito hallazgo!) de que hay himnos para casi cualquier necesidad.

Tengo que felicitarte por la costumbre que has adquirido de llevar un registro de los himnos que se cantan durante todo el año. Siempre existe el peligro de cantar una serie de quince o veinte himnos preferidos, y dejar de lado los otros quinientos (¡500!), que tiene nuestro himnario. Y entre estos quinientos hay muchas joyas escondidas que en un momento dado pueden traer luz y bendición a algún corazón necesitado. He sabido que a veces has revisado el himnario concienzudamente, himno por himno, hasta encontrar aquel que creías el necesario. No es tiempo perdido. El Espíritu Santo estaba detrás de esto, y te guió según su promesa, y ahora estás compartiendo con tus hermanos y amigos esto que Dios te dio. ¡Es maravilloso!

Desde que estás ocupando este lugar en la iglesia has comprendido también que el asunto de dirigir el culto no consiste en anunciar los himnos, orar, leer la Biblia, etc., sino consiste en dirigir. Tuviste que aprender un poco de música, robándole horas al sueño, pero ¡nos ha sido de tanta bendición! Antes que lo hicieras, por ejemplo, nos encontrábamos cantando "Firmes y adelante" como si fuera "¿Por qué lamentamos si parte el hermano?"…Estamos tan agradecidos a Dios porque pones todo tu empeño en darle sentido a la música y las palabras, y no exagero al decirte que bajo tu dirección (y es la Suya…) nos hemos sentido marchando a la batalla, arrodillándonos en oración, tomando el arado, sentándonos en el cielo, inclinándonos en oración.

"Dios en tres personas, bendita trinidad…" "Pidamos a Dios su bendición sobre esta reunión…"

¡Cuánto se puede decir con tan poco…! Has orado a Dios. No a nosotros. ¡Nos has puesto a todos en Sus manos a fin de que El nos bendiga! ¡Has pedido la dirección del Espíritu Santo sobre cada detalle grande y pequeño! ¡Has usado el poder del nombre de Cristo! ¿Sabes? He comprendido que detrás de esa oración pública hay mucha oración privada. Que no ha sido algo desacostumbrado sino común. Que ha sido un momento de oración sacado de una vida de oración. Y al decir nuestro ¡Amén! lo hicimos plenamente convencidos de que este amén tuvo eco en el cielo, un eco que nos dice "¡Así será!", porque Dios escuchó tu oración.

"Leeremos ahora una porción de la Biblia, la Palabra de Dios. En el libro de…"

Conozco cuánta lucha y trabajo representa para ti esto. Pero, ¡cuánta victoria has obtenido! Me doy cuenta de que has leído muchas veces este mismo pasaje, preocupándote de darle todo el sentido y los matices, y puedes ahora hacer un énfasis especial en lo que el pastor tomará para su mensaje. Tampoco exagero si te digo que nos parece oír a los discípulos preguntar al Señor, y casi podemos escuchar a El mismo contestarles… Por tu lectura nos vemos caminando por Palestina, maravillándonos con los milagros, llorando junto a la cruz… Y nos damos cuenta que en esto también has consultado a Dios…

"Ahora nuestro pastor nos traerá el mensaje de Dios. Que El nos bendiga por medio de…"

Bueno, para mí (y para otros también) ya hubo mensaje. ¡Todo fue mensaje! ¡Tu persona lo ha sido! ¡Gracias a Dios!

Un hermano de tu congregación.

Apuntes Pastorales. Octubre — Noviembre / 1984. Vol. II, número 3.

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