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Vida Cristiana

Un corazón dadivoso, la belleza de dar

15 julio, 20055322 visitas


No se suele predicar mucho acerca de la compasión con el pobre y necesitado, y de la limosna, como si no fuera algo cristiano. Es una lástima porque esa es una de las enseñanzas básicas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, cuyo cumplimiento trae mucha bendición. Pero yo te digo, amigo lector: Abre tus manos y tu puerta con generosidad al pobre y necesitado y verás cómo Dios te recompensa abundantemente.



Quien quiera convencerse de que no exagero lea el Salmo 112: «El hombre de bien tiene misericordia y presta… Reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre» (5a,9). Proverbios también nos reprende: «No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tienes poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle» (3.27,28). Y también: «El que da a los pobres presta a Dios» (19.17) ¡Qué privilegio! Deberíamos darle gracias al mendigo que nos extiende la mano por el favor que nos hace, antes de darle una moneda.



Jesús exalta la misericordia en las bienaventuranzas (Mt 5.7 «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»). También las epístolas generales repiten ese mensaje: «Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio… Hermanos míos. Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y sacios, pero no le dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha» (Stg 2.13,15,16).



«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad» (1 Jn 3.17,18).



El ángel que se aparece a Cornelio le dice que la razón por la cual él lo visita es porque «tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios» (Hch 10.5). Cornelio halló gracia ante los ojos de Dios no sólo por sus oraciones sino también por su generosidad con el pueblo (10.2). Pablo dedica dos capítulos de su segunda carta a los Corintios a ese tema que —como he escrito antes en otro lugar— no se refieren al diezmo sino a la colecta que él hacía para los pobres de Jerusalén, como bien indica el título de ese pasaje en la Reina-Valera 60.



No se suele predicar mucho acerca de esto en parte debido a que tradicionalmente en las iglesias el énfasis de la generosidad está puesto en el diezmo. Pero también porque, debido a la dureza de nuestros corazones, no nos gusta que se metan con nuestro bolsillo. Bastante es ya, decimos, que contribuyamos al sostenimiento de nuestra iglesia.



Hay muchos que no prosperan pese a que diezman fielmente. ¿No será porque han cerrado su corazón y su mano al pobre? Recuérdese que Jesús mantenía una bolsa para dar limosnas. Así como él recibía, él daba: «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hch 20.25). ¿Qué esperas para empezar a sembrar tu recompensa? Pero si lo haces por interés y no por amor, mejor será que te abstengas, porque no puedes sobornar a Dios.



Acerca del autor:
José Belaunde nació en los Estados Unidos pero creció y se educó en el Perú donde ha vivido prácticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangelísticos radiales, es maestro de cursos bíblicos es su iglesia en Perú y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el boletín semanal “La Vida y la Palabra”, el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su país. Para más información puede escribir al hno. José a jbelaun@terra.com.pe

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