La salvación: el gran regalo, Parte I
Texto bíblico: 2 Pedro 1.14
Introducción:
Este es un gran pasaje de la Biblia. Para el autor, este extracto es uno de los más maravillosos de toda la Palabra. Estos versículos exaltan a Jesucristo como el gran Mesías, el Salvador del mundo, quien vino a hacerle frente a todas las necesidades del hombre. Aquí está Cristo y su extraordinario regalo: la salvación.
Bosquejo de la enseñanza:
1. Él es el Mesías que merece devoción total (v.1).
2. Él es el Mesías de la fe (v.1).
3. Él es el Mesías de la gracia y de la paz (v.2).
4. Él es el Mesías de vida y de piedad (v.3).
5. Él es el Mesías de la naturaleza divina (v.4).
Puntos a desarrollar:
Punto 1. (1.1) Siervo y apóstol: Jesucristo es el Mesías que merece devoción total. Esto se puede entender mejor con las dos declaraciones hechas por Pedro.
A. Pedro se autodenomina siervo de Cristo. La palabra «siervo» [doulos] significa más que ser un simple sirviente. Quiere decir que un siervo es propiedad total de su señor, un esclavo ligado a su amo por la ley. Echemos un vistazo al mercado de esclavos en los tiempos de Pedro para entender mejor lo que quiso decir con: «siervo de Jesucristo».
El siervo era propiedad total de su señor. Pedro se refería a que fue comprado por Cristo; por esa razón, era de su propiedad. Cristo lo observó con atención y vio su rebajado y necesitado estado. En ese momento, el acto más maravilloso tuvo lugar: Cristo lo amó y lo compró; por eso, ahora era le pertenecía a Cristo.
El siervo vivía exclusivamente para su señor y no tenía ningún derecho personal. Lo mismo le ocurrió a Pedro: él existía exclusivamente para Cristo, y sus derechos eran los derechos de Cristo.
El único propósito del siervo era servir y estar a la disposición de su señor las veinticuatro horas del día. Así le pasó a Pedro: él vivía sólo para servir a Cristo, hora tras hora, día tras día.
La voluntad del siervo le pertenecía a su señor. Su única voluntad y ambición se limitaba a lo que decía su señor. Estaba totalmente subordinado y le debía obediencia total a la voluntad de su señor. Con Pedro ocurría lo mismo.
El último aspecto y más precioso de todos es que Pedro quiso decir con «siervo de Jesucristo» que él tenía la más alta, honrosa e ilustre profesión en todo el mundo. Los hombres de Dios (los hombres más grandes en toda la historia) siempre han sido llamados siervos de Dios, y este título era el más reconocido. El servicio del creyente no tiene nada que ver con adulaciones, cobardía, o sujeción vergonzosa. Es una posición de honor que otorga los privilegios y las responsabilidades de servir al Rey de reyes y Señor de señores. A continuación encontrará una lista de todos aquellos que fueron o son siervos de Dios:
– Moisés (Dt 34.5; Sal 105.26; Mal 4.4).
– Josué (Jos 24.29).
– David (2 Sa 3.18; Sal 78.70).
– Pedro (Ro 1.1; Fil 1.1; Tit 1.1; 2 Pe 1.1).
– Santiago (Stg 1.1).
– Judas (Jud 1).
– Los profetas (Am 3.7; Jer 7.25).
– Los creyentes cristianos (Hch 2.18; 1 Co 7.22; Ef 6.6; Col 4.12; 2 Ti 2.24).
Lea también los siguientes versículos: Éxodo 23.25; Deuteronomio 10.12; Salmos 100.2; Juan 12.26; Romanos 12.1; 1 Corintios 15.58; Efesios 6.67; Colosenses 3.2324; Hebreos 12.28
B. Pedro se autodenomina apóstol de Jesucristo. La palabra apóstol [apostolos] significa una persona que ha sido enviada a algún lugar. Un apóstol es un representante, un embajador, una persona que ha sido enviada a un país o estado para representar a otro. Las siguientes tres características son verdaderas en un apóstol: (1) le pertenece a Aquel que lo ha enviado; (2) ha sido comisionado para ir a algún lugar; y (3) posee toda la autoridad y poder de Aquel que lo envió.
Tres lecciones impresionantes:
Pedro decía que fue llamado para ser apóstol. No estaba en el ministerio porque él
así lo había decidido.
tenía la capacidad.
había sido animado por otros para escoger una profesión ministerial.
disfrutaba el trabajar con la gente. Él era un apóstol, un ministro del evangelio, por una sola razón: Dios lo había llamado. Génesis 12.1; Éxodo 3.10; Jueces 6.14; Isaías; 6.8Hechos 26.16; 1 Timoteo 1.12
Pedro había escuchado y respondido al llamado de Dios. Dios no pasó por encima de la voluntad de Pedro, Él quería a este hombre en el ministerio, por eso lo llamó. No obstante, Pedro tuvo que decidir si escuchaba y respondía a ese llamado.
Fue llamado a ser un apóstol, es decir, un ministro. No fue llamado para ocupar una posición de autoridad o para ser honrado por los hombres.
Estos dos puntos destacan otro aspecto: Pedro creía que Jesucristo merecía devoción total. Por eso, tomó la decisión de entregar su vida deliberada y completamente a Jesucristo, el Mesías, el Salvador del mundo prometido por Dios desde el principio del tiempo. Lucas 5.2728, 9.23, 14.2627, 14.33, 18.2930; Gálatas 5.24; Filipenses 3.8
Usado con permiso,
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