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Consejeria

Y, a mí ¿quién me cuida?

15 julio, 2005441 visitas

Mi esposo y yo trabajamos con una organización misionera. Tenemos un niño pequeño, y la organización planea establecer un centro para el cuidado de los niños en el lugar. Los de un año en adelante irán a este centro y las madres trabajarían hasta las 15 horas, cinco días a la semana.


Yo no quiero dejar de ser madre y ama de casa para seguir sirviendo al Señor, pero de lo que he visto de las familias que trabajan tiempo completo en el servicio cristiano, especialmente misioneros, es que se espera que las esposas tomen un trabajo o contribuyan al ministerio. Algunos misioneros envían a sus niños a la escuela a la edad de cinco años. ¿Deberían ser sacrificados los hijos de trabajadores cristianos porque sus padres están en el servicio al Señor?


La disyuntiva entre “servir al Señor” y servir en casa ha confundido a muchas mujeres, madres jóvenes en particular y ha producido mucha culpa también. La presión parece aún mayor en aquellas mujeres que están involucradas activamente en un ministerio (de sus maridos o de ellas).


Esta confusión parte de una falsa dicotomía – la tendencia entre aquellos en servicio cristiano de dividir la vida en categorías espirituales y no espirituales y fijar prioridades, de acuerdo a esto, los asuntos “espirituales” son de más importancia, y aquellos considerados “mundanos” reciben cuanta energía y tiempo sobra.


Por ejemplo, es espiritual discipular un cristiano nuevo, servir en una comisión de la iglesia o enseñar en la Escuela Dominical. Pero pasar una noche tranquila en casa (especialmente cuando hay una reunión llevándose a cabo), construyendo una torre de bloques con un niño, o preparando la cena, son considerados “comunes”, por ende no espirituales.


Esta diferencia claramente no es de Dios. No es de más honra dar una clase de Escuela Dominical que lavar la loza. Las escrituras lo dicen bien claro “Hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10.31). Dios está glorificado por un corazón obediente y amoroso que reconoce cada aspecto en la vida como una oportunidad para honrar a Dios. El servicio a Dios está determinado por la actitud del corazón, no por la elección de la actividad.


Usted menciona su poca disposición de “dejar de ser madre y ama de casa para seguir sirviendo al Señor”. Dios la ha traído a otra etapa de su vida, una hermosa. Servir al Señor no está determinado por la continuidad de su trabajo en tiempo completo, sino en la obediencia en lo que usted cree que Dios quiere que haga.


Su hijo la necesita, en formas que requieren mucho tiempo y atención. Este tiempo en la vida del niño pasará muy rápido, y como consecuencia después traerá aún más cambios en su vida. Saboréelo, disfrútelo y honre a Dios con él.


Quiero agregar otra cosa en un esfuerzo de ayudarnos a no caer al otro lado del cerco. Debemos tener cuidado de no utilizar una vida de hogar ocupada con niños para aislarnos de otros. Es cierto que no debemos descuidar nuestro hogar “por el Señor”, en la mayoría de los casos, sin embargo, nuestras responsabilidades en el hogar no nos impedirán otras áreas de ministerio.


Nuestro servicio puede ser a un vecino, a la escuela local, al empleado de un negocio, o a la misma iglesia. El ministerio nunca está determinado por la ubicación. Siempre somos los siervos del Señor, y constantemente necesitamos la sabiduría del Espíritu Santo a medida que cuidadosamente decidimos cómo emplear nuestro tiempo.


A medida que hagas esto con un corazón amoroso, obediente, servirás al Señor. Pedro lo dice en una forma hermosa: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo a quien pertenece la gloria y el poder y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”. (1 Pedro 4.11 RV).



Este artículo fue tomado de la revista Partnership, (Enero/Febrero 1987).


Publicado por Christianity Today, Inc. Usado con permiso.



Apuntes Pastorales, Volumen XII, número 4. Todos los derechos reservados

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