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Liderazgo

Dejad que vengan a mi…, Parte I

15 julio, 20051726 visitas

Las Escrituras nos dan claros indicios que el Señor Jesucristo ama a los niños. Hasta podría parecer que de alguna manera tiene un amor especial hacia ellos. Quizá el hecho de que hombres y mujeres en todo el mundo tengan un amor especial para los niños sea de algún modo un pálido reflejo del amor que tiene nuestro Creador para con ellos.


Claro que es cierto que el amor de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo se extiende a todo el mundo (Juan 3:16), y que Jesucristo es la propiciación por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2:2). Pero a la vez podríamos concluir que los niños de alguna manera tienen un lugar especial en el corazón de Dios.


El Señor Jesús y los niños


En Mateo 18:1-14 este amor divino hacia los niños se manifiesta de diversas maneras:




  1. Jesucristo se identifica con los niños
    Cuando los recibimos en su nombre, es como si le recibiéramos a él.
    «Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí» (vs 5).


  2. Al Señor Jesús le indigna que se haga tropezar a un pequeño.
    «Pero si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar» (vs 6).


  3. El Señor Jesús nos dice que no menospreciemos a los pequeños.
    «Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial» (vs 10).


  4. Dios Padre no desea que siquiera uno de estos pequeños se pierda.
    «Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños» (vs 14).


  5. El Señor Jesucristo está buscando a los pequeños que están perdidos.
    «El Hijo del Hombre vino a salvar lo que se había perdido. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. (vs 11,12,13).

En Mateo 19:13–15, Marcos 10:13–16, y Lucas 18:15–17 podemos ver la reacción del Señor Jesús cuando sus discípulos reprendían y despedían a los que traían niños al Salvador para que él los tocara y bendijera.




  1. Se indignó por lo que hacían.
    «Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos”.» (Marcos 10:14).


  2. Advirtió a los discípulos que no volvieran a hacer lo mismo.
    Les dijo que no impidieran a los niños venir a él (Mateo 19:14; Marcos 10:14; Lucas 18:16).


  3. Dio a los discípulos un mandato concerniente a los niños.
    «Dejen que los niños vengan a mí» (Mateo 19:14; Marcos 10:14; Lucas 18:16).


  4. Hizo una afirmación a los discípulos en cuanto a los niños.
    «El reino de Dios es de quienes son como ellos» (Mateo 19:14; Marcos 10:14,15; Lucas 18:16,17).


  5. Demostró a los niños su amor.
    «Y después de abrazarlos, los bendecía poniendo las manos sobre ellos» (Marcos 10:16).
    «Después de poner las manos sobre ellos, se fue de allí» (Mateo 19:15).

Estos versículos nos muestran claramente cuánto ama el Señor Jesús a los niños y desea que vengan a él. Desea que sus discípulos sean una vía de acceso para que los niños se acerquen, y no piedras de tropiezo que les impidan venir.



Estoy seguro que deseamos ser como nuestro Salvador. Ser como él es amar a los niños tal como él lo hizo. No deseamos ser como los discípulos que alejaban a los niños o se pusieron en el camino impidiendo que vinieran.




Tomado y adaptado del libro ¿Por qué evangelizar a los niños?, Sam Doherty, Desarrollo Cristiano Internacional, 2002, pp. 79–81

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