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Liderazgo

El ministro y la tentación sexual

15 julio, 2005836 visitas

Hace algunos años atrás hablé sobre pureza sexual en un instituto bíblico. Muchos estudiantes vinieron para ser aconsejados. Una estudiante fue derecho al punto: “Mis padres me enviaron a uno de nuestros pastores para consejería, y terminé enredandome con él”.


Al día siguiente me encontré con Pamela. ¿Su historia?: “Vine al instituto bíblico para escapar de una aventura con un lider de mi iglesia”. Estos son sólo dos de los muchos testimonios que he escuchado.


Por más que odiemos admitirlo, el escenario evangélico tiene muchos “restos” de vidas y ministerios diezmados por el pecado sexual. La conclusión es grave y las implicaciones de largo alcance: hay entre los cristianos, incluyendo cristianos en el ministerio, una realidad inmoral de proporciones alarmantes.



METIÉNDOSE DE CABEZA EN EL PROBLEMA


Al escribir el libro Cristianos en la estela de la revolución sexual, descubrí que una identificación prominente de la iglesia primitiva fue su pureza sexual. Si no trabajamos por ese “terreno perdido”, la iglesia de hoy y su liderazgo estarán destinados a la impotencia espiritual. ¿Por qué? Porque un mundo no santo nunca va a ser ganado para Cristo por una iglesia no santa.


TRES FACTORES CRÍTICOS



Somos el blanco de la inmoralidad sexual
Hace varias años hubo bastante ruido sobre una “lista de señalados”, un plan elaborado por asesinos a sueldo para eliminar a los líderes políticos mundiales estratégicos. Estoy convencido que el enemigo, Satanás, ha mantenido una lista similar con gente de la iglesia. Y hay razones para creer que los obreros cristianos están en los primeros puestos de su lista.


Si usted es un pastor, lider, misionero, evangelista, trabaja con los jóvenes, anciano, diácono, obrero paraeclesiástico, profesor o estudiante de instituto bíblico, escritor, músico o tiene un ministerio de cualquier índole, entonces preste atención: usted es un hombre o mujer blanco. Las fuerzas del mal han firmado un contrato sobre usted. Hay un precio sobre su cabeza, suficiente para hacérsele “agua la boca” a cualquier cazador de recompensas.


Satanás está dispuesto a atraparlo. ¿Por qué? Porque quiere anular su ministerio. Porque usted lleva sobre sus hombros la reputación de Cristo. Si usted comete actos inmorales, el enemigo se apunta una victoria estratégica en su asalto sobre esa reputación sagrada. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6.12). “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pe. 5.8).



Somos vulnerables
a la inmoralidad sexual. Todos los cristianos, incluyendo los activos en el ministerio, son susceptibles de caer en pecado sexual. El mito de que somos moralmente invulnerables muere lentamente ante la evidencia abrumadora. No hay ningún anticuerpo místico que nos haga inmunes.


“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Pr. 16.18). ¿Qué nivel de soberbia se requiere para creer que el pecado sexual pudo con Lot, Sansón, David (“un hombre según el corazón de Dios”), Salomón, los Corintios y una multitud de líderes cristianos modernos, pero no conmigo? Las advertencias de Pablo merecen un lugar prominente en nuestros escritorios: “Considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gá. 6.1); “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co. 10.12).


Somos totalmente responsables por nuestras elecciones morales
A menudo se dice que la gente “cae” en la inmoralidad. La expresión es tan reveladora como defectuosa y peligrosa. El término caer denuncia una mentalidad de “víctima”. No caemos en la inmoralidad, sino que caminamos hacia ella. Ciertamente, a veces corremos “de cabeza” hacia ella. Debemos darnos cuenta que la inmoralidad es una elección. No es algo que le ocurre a la gente. Es algo que la gente hace que ocurra.


Podemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para alcanzar salud física, y evitar contraer cáncer, sin embargo, podemos aún contraerlo. Pero esto no es cierto de la inmoralidad. Si dependemos de nuestro Salvador y tomamos pasos deliberados y progresivos para cultivar la pureza y evitar la inmoralidad, podemos evitarla. Ella no nos elige. Nosotros la elegimos …o elegimos evitarla.


Siempre debemos tomar las responsabilidades de nuestras elecciones. Pero los que estamos en el ministerio, ya sea con dedicación de tiempo completo o parcial, pagos o impagos, en la iglesia o fuera de ella, debemos tener aun mayor responsabilidad por nuestras decisiones; más aun teniendo en cuenta a aquellos que tenemos que aconsejar o darles dirección espiritual. Tales personas son particularmente vulnerables y son fácilmente desviadas. Nuestro rol compromete una autoridad y poder sobre sus vidas que no debe ser abusiva.



LA RISA DE SATANÁS


Es hora de echar una mirada más cuidadosa a nuestras mentes, nuestro lenguaje y nuestras acciones. Como el guerrero griego Aquiles, podemos creernos invulnerables o parecerlo a muchos que nos respetan, pero una flecha en nuestro talón demuestra otra cosa. Piense honesta y cuidadosamente: ¿Es la tentación sexual su talón de Aquiles? ¿Es esa la grieta en su armadura? Si es así, trabajar en su vida devocional, en su sanidad interior y en la dependencia de Dios puede ser más que una buena precaución; puede realmente salvar su vida, su familia y su ministerio de una segura ruina. Puede salvarlo de tener que oír lo que perseguía a Arturo Dimmesdale y que ha perseguido a miles de ministros: la risa de Satanás.


Estamos en una batalla mucho más fiera y estratégica que cualquiera de las que haya peleado Alejandro o Napoleón. Nadie se prepara para una batalla que Dios no conozca, y nadie gana una batalla para la que no se ha preparado.



© Intervarsity Press. Usado con permiso. Los Temas de la vida cristiana, todos los derechos reservados, publicado tambien en Apuntes Pastorales, todos los derechos reservados. Ambas revistas ministerios de Desarrollo Cristiano Internacional.

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