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Liderazgo

Preguntar como Jesús lo hacía

22 enero, 2009923 visitas


«¿Aún no entendéis?»


—Jesús (Marcos 8.21)


Fuera en una reunión pública, en una confrontación con sus enemigos, o en una conversación privada con sus amigos más cercanos, Jesús consistentemente usó preguntas para producir cambios y crecimiento en las personas. En el capítulo 8 del Evangelio según San Marcos, Jesús usa ocho tipos de preguntas.




1. Responder a preguntas (Marcos 8.5)


En lugar de ofrecer simplemente una respuesta a una pregunta (y por consiguiente limitar el potencial de aprendizaje que esta tenía), Jesús a menudo respondía a la pregunta de su interlocutor con otra pregunta.


En Marcos 8, cuando sus discípulos le preguntaron a Jesús cómo planeaba alimentar a la multitud de cuatro mil personas, respondió con una pregunta: «¿Cuántos panes tenéis?». Esa pregunta mantuvo a sus discípulos involucrados.


Se requiere de confianza y sabiduría para hacer preguntas que involucren a las personas. Hacer una simple pregunta como: «¿Qué piensa el resto de ustedes?» puede mantener a las personas involucradas en la búsqueda de la verdad. Cuando respondemos a todas las preguntas, le robamos a nuestro interrogador la satisfacción que solo encuentra en el descubrimiento personal.


2. Captar información (Marcos 8.5, 19–21)


Jesús eventualmente hizo algunas preguntas de carácter personal en este capítulo. Sin embargo, en el diálogo empezó a hacer preguntas cuya respuesta se basaba en hechos. La pregunta «¿Cuántos panes tenéis?» involucró a sus discípulos en la solución del problema, pero en un nivel en el que no se sintieran amenazados.


Usar este tipo de preguntas ayuda a mantener al grupo involucrado mientras, sutilmente, orientamos las próximas preguntas a un plano más personal, más íntimo. Una pregunta basada en hechos como esta: «¿Cuántos años llevas en tu empleo actual?» no requiere que la persona revele demasiada información privada, pero aún así nos proveerá datos que nos permitan conocer más de cerca a la persona.


3. Declarar su opinión (Marcos 8.12)


Jesús diestramente hizo preguntas retóricas para enfatizar un punto de una manera poderosa pero sin contender. La pregunta «¿Por qué esta generación busca una señal?» comunicó mucho más que si hubiera declarado «¡Qué incrédulos más tercos!». Dicha diplomacia es una beneficiosa estrategia para propiciar el aprendizaje.


4. Comunicar pasión (Marcos 8.17–18)


Cuando se unen varias preguntas retóricas, se puede transmitir una pasión espectacular. En Marcos 8.17–18, Jesús le preguntó a sus discípulos: «¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido? Teniendo ojos ¿no veis? Y teniendo oídos, ¿no oís?».


Cuando Jesús hacía preguntas tan seguidas, las personas que lo escuchaban quedaban pensativas y sin saber qué decir.


Esta técnica puede usarse eficazmente en discusiones grupales para reforzar poderosamente un punto.


5. Corregir (Marcos 8.21)


Cuando necesitamos corregir a alguien, expresarlo en forma de pregunta puede permitir que la persona haga los cambios necesarios sin ponerse a la defensiva o perder el dominio propio. En lugar de decir: «Ustedes son tan estúpidos, nunca entienden nada», Jesús preguntó: «¿Aún no entendéis?» Esta pregunta marcó una diferencia mientras mantuvo a los participantes involucrados.


6. Retroalimentar (Marcos 8.23)


Mientras sanaba a un ciego, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?» Podemos hacer el mismo tipo de pregunta en cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje. Una pregunta como «¿Cuál es la idea de este asunto?» puede revelar el nivel de comprensión y mantener a las personas en el camino del aprendizaje.


7. Confrontar creencias personales (Marcos 8.27–29)


Hacia la conclusión de Marcos 8, Jesús planteó una pregunta directa y claramente personal para confrontar y guiar a sus discípulos a una decisión en el plano de la fe. En ese momento, por las abundantes evidencias que ya habían recibido de la identidad de Jesús, ellos ya estaban listos para decidir qué creer de él.


Empezó con una pregunta que no demandaba de ellos una respuesta comprometedora, —«¿Quién dicen los hombres que soy yo?» (Marcos 8.27)— para luego llegar a la pregunta crítica, la personal, que sí los comprometía —«¿Quién decís que soy yo?» (Marcos 8.29).


Cuando queremos que nuestro grupo tome una decisión en el plano de la fe, ya sea que redefina creencias, u opte por una posición en un tema controvertido, un buen método es preguntar: «¿Cuáles son las distintas posiciones sobre este tema?» antes de pasar a una pregunta como «¿Por cuál posición opta usted?» o «¿Qué cree usted sobre este asunto?»


8. Buscar decisiones de estilo de vida (Marcos 8.36–37)


Marcos 8.36–37: «¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? Pues ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?»


Este tipo de preguntas llega hasta el corazón de un asunto y no es fácil de responder porque sólo tiene dos opciones. Este es el último pasaje del capítulo, y es el clímax de la confrontación que el Señor inició en el versículo 27. Les está dando la libertad de continuar con él o no, después de afirmarles abiertamente que seguirlo implica la renuncia a sus metas de gloria. Un ejemplo de dicha pregunta podría ser: «¿Qué vas a ganar si tomas esa decisión? Y ahora, ¿qué vas perder si la tomas? Ahora bien, compara ambas, ¿qué es lo que realmente quieres?» Si cerramos con este tipo de pregunta o la escribimos al final de un folleto, podemos crear un fuerte impacto.


Este artículo se publicó por primera vez en ChristianBibleStudies.com, usado con permiso. Título del original: Asking Questions Like the Master Teacher. Copyright © por el autor o por Christianity Today International. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados. ©Copyright 2009

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