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Sexualidad

Depredador desenmascarado

9 agosto, 20101352 visitas

Enemigo al acecho

Ya está en acción el ministerio de la iniquidad. El poder de lo oculto ya está obrando. Los pedófilos trabajan en secreto, al igual que Satanás. Con frecuencia obran a través del encubrimiento y la simulación. Viven en una telaraña de mentiras. Son manipuladores y premeditan el abuso con, por lo menos, seis meses de antelación. Mantienen su crimen en secreto y el silencio es su mejor aliado.

Las consecuencias del abuso sexual son catastróficas y, en muchos casos, de por vida. Las víctimas de un abuso sexual yacen confundidas y luchan contra sentimientos encontrados. Manifiestan patrones de comportamientos no saludables, desde conductas sexuales inexplicables, como rechazo obsesivo al sexo o adicción al oscuro mundo de la promiscuidad. Puede ser que manifiesten reacciones cambiantes e impredecibles, como enojo y acciones violentas. Se caracterizan además por la desconfianza, el temor a estar solas, la tendencia a la depresión, la ansiedad, la humillación, la perturbación y los deseos de venganza. En muchos casos se registran pensamientos invasivos, imágenes retrospectivas del hecho, disminución del interés por actividades importantes, aislamiento, disminución de la capacidad de experimentar nuevas situaciones, pérdida de esperanza en el futuro, hipervigilancia, dificultad en la concentración, respuesta de alarma exagerada, etcétera.
El diablo carece de escrúpulos. Él no nos dará descanso. Se parará frente a nosotros para hacernos sentir culpables por lo que pasó y atacará nuestro punto más vulnerable. Niños sin futuro

Como verá, el abuso sexual infantil origina perturbaciones de las más diversas. Generalmente la persona abusadora suele ser un familiar que el menor desea querer; por ello, en lugar de denunciar el abuso, culpa a Dios por no protegerlo, o se culpa a sí mismo por haber permitido que eso pasara, lo que le genera mayor carga emocional al hecho, de por sí traumático. Este sentimiento de culpa incide negativamente en la recuperación de la víctima y, cuanto menor haya sido la agresión física por parte del abusador, mayor será la culpa que experimente.

A menos que haya una intervención asertiva, ese niño estará condenado a vivir sin futuro. Además, sin la ayuda de Dios, el pronóstico no es muy alentador. Buscar la guía y la ayuda divina es indispensable para la sanidad completa y la restauración total de las emociones dañadas.

Debemos dejar que Dios trate con cada área de nuestro pasado, como recuerdos, heridas, traumas, secretos y todo aquello que afecte nuestra vida. Satanás es tan ruin que, si no permitimos que Dios intervenga para sanarnos, él usará todo ese pasado para atormentarnos. Como comenta Beth Moore: «Satanás sería un tonto si no tratara de aprovecharse de nuestras experiencias pasadas».

Dios de los quebrantados

El diablo carece de escrúpulos. Él no nos dará descanso. Se parará frente a nosotros para hacernos sentir culpables por lo que pasó y atacará nuestro punto más vulnerable. ¿Se aprovecharía de un niño indefenso? Sí. ¿Agregaría más dolor al sufrimiento por el abuso? ¡No tenga dudas! Satanás es increíblemente vil y va a aprovecharse de toda situación no resuelta.

Si usted ha sido víctima o ha vivido muy de cerca una situación de abuso, no trate de olvidar solamente. ¿Por qué luchar solo, si Dios quiere darle una mano? Lleve ya su pasado y su dolor delante de él. Permita que Dios redima su pasado, ¡cada pedacito de él! No solo las injusticias sino también la culpa asociada al abuso. La enseñanza de Juan 4 es alentadora. Cuando Jesús ministra el corazón herido de la mujer samaritana, en un instante, tan solo un instante, él transforma toda la vergüenza en una nueva dignidad. La hace libre en el más absoluto sentido de la palabra. Lo mismo puede lograr por usted. ¡Bendita gracia! ¿No le parece?

Las estadísticas de una tragedia

  • El abuso es un delito invisible que no deja huellas, ya que, por lo general, no se usa la fuerza física. Habitualmente no existen testigos.
  • 90 % de los abusos ocurre en el hogar del propio niño, de familiares o amigos, a cualquier hora del día, con personas muy allegadas.
  • Según datos de la UNICEF, la mitad de las niñas abusadas en América Latina viven con sus agresores.
  • La UNICEF señala que una de cada tres niñas y uno de cada nueve niños serán abusados sexualmente antes de cumplir los dieciocho años.
  • En el mundo, 73 millones de niños y 150 millones de niñas menores de dieciocho años sufren violencia sexual en forma de tocamientos y relaciones sexuales forzadas.
  • Al menos 2.000.000 de niños son abusados sexualmente cada año en América Latina; en promedio, se perpetran 228 abusos por hora.
  • 85% de las mujeres en prostitución fueron abusadas en su infancia.
  • De cada 100 abusadores, noventa y cuatro son hombres y solo seis son mujeres.
  • De cada diez denuncias por violación y abuso sexual, nueve terminan en la absoluta impunidad.
  • De cada diez jóvenes, al menos cuatro tuvieron experiencias sexuales negativas en la infancia.
  • El incesto es el delito más negado y el que mejor se oculta.
  • Los pedófilos, en su mayoría, llevan una vida «normal» y resulta difícil saber y hasta creer que esconden estas perversiones.  Muchos de ellos están integrados socialmente; no guardan cuentas pendientes con la justicia, son de buena presencia y, en su gran mayoría, están casados.
  • Frente al abuso sexual no existen diferencias de posición social, económica, cultural, geográfica o racial.
  • El abusador no utiliza la fuerza porque «convence» al niño para obtener lo que él desea.
  • El abusador transfiere la culpa a la víctima. Generalmente la persona abusada siente culpa y vergüenza por lo que le ha sucedido.
  • Los abusadores siguen conductas repetitivas. Si abusan de sus hijos, igual actuarán con sus nietos.
  • El abusador planea el abuso con, por lo menos, seis meses de anticipación. No crea que al abusador lo movió «un arrebato» sexual incontrolable y por eso violó o abusó. Todo lo había premeditado.
  • El silencio es el mejor aliado de los abusadores. No crea que ventilando el abuso reforzará el trauma en el niño, ya que el daño es ocasionado en el mismo momento del ultraje y no cuando usted lo denuncia. Si no los denuncia ni los expone públicamente, será cómplice de los próximos abusos.
  • Es un mito creer que el niño miente cuando comenta el abuso. Las denuncias falsas no prosperan. Es muy difícil que un chico pueda engañar a un profesional con un relato inventado.
  • La madre del niño es la principal cómplice del abusador. Suele ocurrir que los niños abusados por algún familiar lo cuentan a su madre y esta responde con burlas, negando lo que ocurrió o no dándole importancia. El niño abusado se siente entonces desamparado. Siente que su madre es cómplice. Se revictimiza a estos niños: por el abuso sexual, primero, y, luego, por el desamparo.
  • Alrededor de 30% de las personas abusadas se convierten en abusadoras.
  • Más de 500 páginas de pornografía infantil se levantan cada día en la web.
  • Cuanto más recurrente sea la visita a estos sitios web o mayor el consumo de este tipo de pornografía, mayor será la posibilidad de convertirse en un pedófilo o abusador de menores.
  • La mitad de las personas que navegan por la Web son niños de entre 8 y 13 años. La mayoría de estas personas accede desde casa y los servicios de Internet que más utilizan son navegar por la Web, chatear y jugar a través de la red.
  • 44% de los menores que navegan con regularidad se han sentido acosados sexualmente en Internet en alguna ocasión, y 11% reconoce haber sido víctima de esta situación.
  • Las víctimas de un abuso habitualmente recurren a un mecanismo de defensa llamado «el olvido». La persona simplemente «no recuerda» lo que le aconteció. Los que no generan este mecanismo de defensa, reaccionan de otras formas: desarrollan problemas psíquicos, emocionales y aun físicos. El odio, el resentimiento o la depresión, lejos de desaparecer, tienden a crecer en el corazón de las víctimas.
  • Los abusados pueden generar trastornos en la alimentación, ansiedad crónica, abuso de drogas, fobias, deterioro del rendimiento escolar, ideas o intentos de suicidio, comportamientos retraídos y conducta delictiva. Esas personas se forman una pobre imagen de sí mismas. Las alteraciones del sueño suelen ser comunes después de un abuso sexual. Muchas víctimas manifiestan pesadillas, imaginando que en cualquier momento alguien puede entrar y volver a violentarlas sexualmente.

Se adaptó de Inocencia robada, por José Luis y Silvia Cinalli, ©2009 Restauración Sexual. Se usa con permiso. Se publicó en Apuntes Pastorales XXVII-5, ©2010. Derechos reservados.

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