Fe prestada
¡No me diga que la escena que describe este pasaje no tiene ciertos matices cómicos! Jesús estaba en medio de una de las habitaciones de la casa donde se alojaba. Por donde quiera que uno mirara, había gente, apretujada y expectante. Él les estaba hablando la Palabra de Dios, quizás explicando, como era su costumbre, algún aspecto relacionado con el reino de los cielos.
¿Habrá escuchado ruidos en el techo? Lo cierto es que repentinamente comenzó a caer sobre su cabeza partes del techo. Mientras intentaba seguir con lo que estaba enseñando, apareció un pequeño agujero encima de él. Una mano se introdujo por ella y comenzó a agrandar la abertura mientras seguía cayendo, como lluvia, el material que se usaba para construir los techos.
¿Cómo se puede llevar adelante un ministerio dirigido por el Espíritu cuando nosotros creamos tanta estructura? ¿Se da cuenta del estilo de ministerio que tiene Cristo? El era un oportunista, pero no en el mal sentido de la palabra. Es que simplemente aprovechaba las oportunidades que se le iban presentando a cada momento. Poseía flexibilidad y, sobre todo, sensibilidad a lo que estaba pasando a su alrededor. No estaba atado a un «programa».
¡Qué importante es que, como líderes, poseamos estas mismas cualidades! Usted no le va a cambiar la vida a nadie si está atado a un programa. Las personas no son un programa. Requieren de una trato vivo, dinámico y personal. Jesús vio la fe de los cuatro amigos. No sabemos si el paralítico también tenía fe, pero la fe de ellos era crucial. ¿Hasta donde está usted dispuesto a ir por las personas que ama? ¿Está dispuesto a «abrir una abertura en un techo» para llegar a Jesús? Estos hombres estaban dispuestos a ir hasta lo último de la tierra si fuera necesario. Es la misma actitud que vemos en Epafras.
Pablo testifica a los Colosenses que este varón «se esfuerza intensamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere» (Col 4.12). En ese momento acontece algo extraño. «Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados.”» Piense en esto por un instante. ¿Si la necesidad del paralítico era tan obvia, por qué Jesús le perdonó los pecados? ¿Cómo hubiera reaccionado usted al escuchar estas palabras? ¿Cómo reaccionaron los escribas? ¿Por qué reaccionaron de esta manera?
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