Yugo liviano
Ayer reflexionábamos sobre la analogía que utilizó Jesús para describir el proceso por el cual logramos la mansedumbre y la humildad. En esta analogía él nos invita a tomar sobre nosotros su yugo, el pesado madero que unía a dos bueyes para que juntos realicen una tarea.
Algunos de los que lo escuchaban podrían haber pensado que esta propuesta, después de todo, no tenía ningún atractivo. No consistía en otra acción que cambiar una carga insoportable por otra de las mismas características, salir de una situación de opresión solamente para sumergirse en una similar.
El Señor, no obstante, nos sorprende, con la siguiente declaración: «
porque mi yugo es fácil y ligera mi carga» (Mt 11.30).
La declaración de Cristo nos lleva, una vez más, a un plano diferente del que ocupa nuestro tiempo y esfuerzo. Nosotros consideramos que la liviandad de una situación la determinan las circunstancias en las que nos encontramos. Cuando estamos «metidos en muchas tareas», es imposible que nos sintamos livianos. Al contrario, el exceso de actividades y responsabilidades es el factor que más contribuye al elevado grado de estrés con el que libramos el combate de cada día. Resulta obvio, pues, que la comodidad del yugo y la ligereza de la carga en la vida del Mesías no tienen que ver con su entorno.
¿Dónde radica su secreto? Lo hemos afirmado en varias oportunidades a lo largo de esta aventura de caminar con Jesús. El secreto radica en la fuerza del hombre interior. Jesús posee un espíritu enteramente centrado en los asuntos de Dios. El estado que produce esta cercanía al Padre le otorga una entereza y un sosiego que le permiten hacerle frente a las situaciones más adversas. De hecho, por medio de esta invitación Cristo nos está proponiendo que entremos en la misma dimensión de vida que él disfruta con el Padre. Para lograr esto, debemos estar dispuestos a tomar sobre nuestros «hombros» el yugo que él lleva. Caminando con él alcanzaremos el mismo estado de fortaleza que él posee, una fuerza que descansa, insólitamente, sobre una actitud de mansedumbre y humildad.
La invitación ha sido extendida. Usted y yo hemos sido incluidos entre los invitados. No tenemos por qué seguir viviendo en el mismo estado de fatiga y cansancio de los que están a nuestro alrededor. Cristo pone delante de nosotros la opción de una vida liviana y tranquila. ¡No la dejemos pasar!
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