Luz que no se apaga
Oh Señor y Hacedor de todas las cosas, poderoso Creador de la primera luz en la primera mañana del mundo, te alabo por la luz que ahora fluye a través de mis ventanas, invitándome a vivir otro día.
Oh tú, Misericordia eterna, dame hoy un corazón tierno para con aquéllos a quienes la luz de la mañana trae menos gozo que a mí: Aquéllos cuya vida se debilita, Los que tienen que permanecer en sus lechos Sin poder gozar las horas de sol, Los ciegos, impedidos de ver la luz del día, Los agotados, que no disponen de tiempo libre para descansar, Los desempleados, privados del gozo del trabajo, Los afligidos, con sus corazones y hogares desolados, Concédeles tu misericordia.
Oh Luz que nunca se apaga, ahora que la luz del día inunda esta habitación, permíteme abrir las ventanas de mi corazón, para que toda mi vida se llene con el resplandor de tu presencia. Que ningún rincón de mi ser sea privado de la luz de tu rostro. Que no haya en mí nada que oscurezca el brillo del día. Haz que el Espíritu de Aquél cuya vida fue luz de los hombres, gobierne mi corazón hasta la llegada de la noche. Amén.
Tomado de Diario de oración personal, de John Baillie, Desarrollo Cristiano Internacional, 1999. Todos los derechos reservados.

