La cara más preciosa del amor es ambicionar que aquellos a quienes amamos les vaya mejor.
Para los que andamos en luz nuestra vida completa debe ser vivida a plena vista de los demás.
Necesitamos un corazón abierto y humilde, dispuesto a recibir de nuestros hermanos.
Existe un momento en la vida espiritual cuando tenemos que hacer la paz con el obrar misterioso de Dios.
Una multitud de razones pueden interponerse a nuestros deseos de ser asistidos en tiempos de crisis.
Una reflexión pastoral sobre el antiguo y siempre necesario tema de la conversión cristiana.




