Cuando Cristo miraba a las multitudes, las veía con esta perspectiva: no como un conjunto de individuos donde cada uno tenía que cuidarse a sí mismo, sino como un grupo de personas que habían sido abandonadas por aquellos que debían velar por sus necesidades
Cómo líder, sus lecciones más dramáticas y efectivas pueden ser dadas sin el uso de palabras.
Dios nos perdona la infidelidad con infinita misericordia y nos devuelve a casa para restaurarnos a su servicio.
Señor, enséñame que si quiero preservar mi capital debo dártelo TODO.
No busquemos esconder nuestras debilidades, ni perdamos el tiempo justificándolas sin razón.
Como líder, usted necesita tener los ojos puestos en algo más inspirador que las circunstancias en las cuales se encuentra, pues eso lo inspirará e animará a seguir adelante cuando ya las fuerzas parecen desvanecerse.








