Cuando no existe la capacidad de inocente asombro, aún la manifestación más abundante de señales no será percibida.
Si disponemos todo nuestro ser a escuchar, podremos no solo oír las palabras sino también el corazón.
El encuentro de Jesús con las dos hermanas, en Lucas 10.38–41, pareciera ubicarnos entre la espada y la pared. ¿Cuál es la «mejor parte» que escogió María?


