Una de las principales razones por las que Dios nos va a permitir disfrutar de la prosperidad es para poder compartirla. ¿Por qué nos resulta tan difícil no ser egoistas?
La experiencia del Mar Muerto nos enseña entonces que el dar, luego de recibir, es un proceso vital necesario que permite mantener la frescura de nuestro corazón.


