Cada líder deberá agregar al don recibido del Espíritu el esfuerzo, la disciplina y la práctica.
Un mensaje recibido del cielo para proclamar, un don de parte del Señor que intencionalmente se trabaja y se pule, y la utilización al máximo de la creatividad para expresarlo, dará como resultado el objetivo más importante que tenemos como comunicadores de la palabra de Dios: vidas transformadas por el poder del Altísimo, dispuestas para transformar también a otros.



