Desde su inicio, las Sagradas Escrituras ofrecen una valoración muy positiva del sexo, dentro de perspectivas humanizadoras de esta dimensión tan importante de la existencia.
Cuando Dios bendice la sexualidad humana y ordena la práctica sexual de la pareja, también bendice el mismo proceso de deseo y deleite que hoy también se experimenta.
La sexualidad, en el estado de inocencia descrito en Génesis, era pura y perfecta; el sexo en sí, en todas sus dimensiones, es santo.
Algunas enseñanzas sobre sexualidad deben corregirse a la luz de los enfoques hebreo y cristiano, los cuales pueden moldear nuestra espiritualidad desde nuestra sexualidad.


