La abundancia de versículos, las oraciones piadosas y la aparente unción de lo Alto no logran esconder el verdadero espíritu que mueve a muchos líderes: la avaricia
Si multiplicamos las oportunidades para servir comenzarán a brillar líderes que, hasta ahora, han pasado desapercibidos.
Transforme el grupo de personas que lo acompañan en el ministerio en un verdadero equipo.
Hoy más que nunca la iglesia cristiana necesita líderes como Isaías y Pablo. Es nuestra responsabilidad ante Dios mirar a nuestro alrededor, buscar en las iglesias y tratar de identificar a los líderes en potencia que quizás estén sentados en una banca por falta de oportunidades.


