También en el ámbito espiritual existe la pereza.
Cuando las circunstancias nos invitan a la preocupación, la ansiedad y el afán, debemos aceptar el desafío de disfrutar de Dios.
Dios no espera de aquellos que están ocupados en los asuntos del reino que contabilicen los recursos que ven al alcance de las manos.


