La falta de percepción de las señales del Señor, es el resultado inevitable del pecado, que siempre se manifiesta en deterioro del espíritu.
La existencia de señales y prodigios en nuestro medio es una realidad. Sin embargo, no todo milagro es incuestionablemente una manifestación de Dios. ¿Cómo discernir cuál es cuál?


