Para avanzar en una vida espiritual disciplinada, necesitamos enseñarle a nuestro cuerpo que la última palabra en su vida la tiene Jesucristo.
Aceptar la voluntad de Dios puede hacer la gran diferencia entre vivir una vida abundante o vivir frustrada y amargada.
Pablo le dice a los cristianos: «Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo» (Ef 5.21). ¿Cuál es la apariencia de la sumisión? ¿Cómo la aplico en mi vida? ¿Cómo vivo, en la actualidad, el principio bíblico de la sumisión en mi matrimonio?


