La presión de nuestra cultura nos oprime con sus obsesiones y sus racionalizaciones sexuales, y muchos en la iglesia de Cristo han cedido bajo su peso, tal y como lo demuestran las estadísticas. Para no ser parte de esas estadísticas hay que esforzarse disciplinadamente. ¿Somos hombres de verdad? ¿Somos hombres de Dios? ¡Quiera Dios que así sea!
Te comparto esto porque yo también estoy en el valle y me he desanimado, he caído y he olvidado el sueño. Pero aún queda tiempo de rectificar. Mientras haya vida, existe la esperanza.
El mensaje del profeta Oseas identifica los resultados de vivir un compromiso vacilante con Dios.
La gente con quienes compartimos nuestras actividades cotidianas deberían, al igual que los religiosos que examinaron a Pedro y a Juan, sentirse motivadas a maravillarse y reconocer que hemos estado con Jesús.
¿Es conveniente que la iglesia se involucre de forma directa en el ámbito político?
Cuando Dios bendice la sexualidad humana y ordena la práctica sexual de la pareja, también bendice el mismo proceso de deseo y deleite que hoy también se experimenta.




