Una pieza fundamental
AP: En tu opinión, ¿por qué es necesario que haya señales y prodigios en un ministerio?
Luego de que él ascendió a los cielos, cuando vemos a sus discípulos desarrollando el ministerio que él les confió, también observamos abundancia de señales poderosas con las que confirmaban la Palabra predicada. Si observamos al apóstol Pablo, notaremos el testimonio que él da del camino que había podido recorrer de la mano de Dios. Los milagros forman parte de la revelación. Dios es espíritu no visible, pero sí comprobable mediante el poder de sus obras.
En Romanos 15.18 declara: «porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios en el poder del Espíritu de Dios, de manera que desde Jerusalén y por los alrededores, todo lo he llenado con el evangelio de Cristo».
Todos nacemos con una cuota de fe, pero muchas veces vivimos de prestado, apoyados en la fe de otros.
AP: Algunos pastores carecen de experiencia en esta área, pero tienen inquietudes. La realidad de la gente los abruma. Se sienten angustiados por no poder ministrar a la comunidad según las necesidades que padece. ¿Cómo pueden proceder para preparar a sus congregaciones a incursionar en este estilo de ministerio?
AP:Cuando hablas de orar, ¿te refieres a hablarle a Dios de la situación o a tomar autoridad sobre la enfermedad, como lo hizo Cristo con la suegra de Pedro?
El entrevistado (jlromera@hotmail.com) es pastor de la Comunidad Cristiana, en San Juan, Argentina. Ha viajado para ministrar en muchos lugares de su país, como también Colombia, España y Guinea Ecuatorial. Está casado con Alejandra, con quien tiene dos hijos: David y Virginia. Se publicó en Apuntes Digital III-4.

