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Discipulado

Unos pocos a la vez: Un modelo alternativo (Parte IV)

17 junio, 20131452 visitas

¿Por qué estos grupos de tres o de cuatro (tríadas/cuadríadas) comunican energía, están llenos de gozo y son reproductores?

 

  1. Se opera un cambio desde una presión que no es natural hasta una participación natural por parte del discipulador. Cuando se añade una tercera o cuarta persona, el discipulador deja de ser el centro de enfoque para convertirse en una parte del proceso que lleva el grupo. En este ambiente, el discipulador es un participante más, junto con los otros. Aunque es él quien convoca a los demás, muy pronto se convierte en uno más del grupo en su andar hacia la madurez en Cristo.
  2. Se da un paso de la jerarquía a la relación entre iguales. El grupo de tres o de cuatro crea de manera natural un andar en conjunto. El centro de atención se encuentra menos en el discipulador, y más en Cristo, como aquel hacia el cual debemos dirigir nuestra vida. En mi condición de pastor, descubrí que la relación podía comenzar con la conciencia de que yo era el experto en Biblia, a causa de mi título y de mis estudios, pero dentro de las primeras semanas, el grupo de tres o de cuatro me permitía ser uno más en un grupo de discípulos que estaban tratando de seguir a Jesús.
  3. Ocurre un cambio del diálogo al intercambio dinámico. En mi experimento inicial con grupos de tres, muchas veces salía de las reuniones de discipulado, preguntándome: ¿qué propició ese intercambio tan lleno de vida y tan dinámico? La presencia del Espíritu Santo parecía palpable. La relación estaba llena de vida y de energía. Conforme he comprendido la dinámica de los grupos, he comprendido que la relación de persona a persona no es un grupo. El grupo se forma cuando se añade una tercera persona. (Piense en la Trinidad).
  4. Se avanza de unas sugerencias limitadas a la sabiduría que existe en el número. La sabiduría procede de la multitud de consejeros (Pr 15.22). Muchas veces aquellos que consideramos más jóvenes, o menos maduros en la fe, tienen explosiones de gran sabiduría, una chispa nueva de vida, o simplemente unas preguntas fabulosas. En un grupo de cuatro con el que me reúno ahora, uno de los hombres, que llamaremos Miguel, confesó en nuestra reunión inicial: «Yo nunca he abierto la Biblia.» Yo lo había observado ansioso y hambriento, así que pensé que de seguro no había comprendido bien su comentario. Entonces traté de corregirlo: «Querrás decir que nunca has estudiado la Biblia en serio».«No; es que nunca he abierto una Biblia». Desde aquella primera reunión, Miguel ha mostrado un apetito voraz por las Escrituras. Sus inteligentes preguntas nos han llevado a entrar en diálogos y exploraciones de una profundidad mayor.
  5. Se deja la suma para pasar a la multiplicación. Para mí no hay gozo mayor que ver a un cristiano reproducirse. Uno de los beneficios del modelo de tres o cuatro es su poder para facultar a la persona. Durante más de dos décadas he observado una proporción de reproducción cercana al setenta y cinco por ciento a través del modelo de grupos de tres o de cuatro (tríadas/cuadríadas) para hacer discípulos.

 

En resumen, una unidad más pequeña favorece la multiplicación, porque reduce al mínimo las dimensiones de tipo jerárquico, mientras que aumenta al máximo el modelo del compañero-mentor. Cuando se ofrece un plan de discipulado diseñado específicamente para esta relación tan íntima, se crea una estructura sencilla y reproducible que casi todos los creyentes en crecimiento pueden guiar. En estos grupos, el liderazgo se puede rotar muy temprano, puesto que el tamaño favorece el intercambio informal, y el plan proporciona una guía para seguir.

 

La labor de discipular debe crear una multiplicación intergeneracional. Sin embargo, esto es solo uno de los logros que alcanza el trabajo de hacer unos discípulos con iniciativa propia, y capaz de reproducirse.

Greg Ogden es pastor de discipulado en Christ Church in Oak Brook, Oak Brook, Illinois.
Se tomó de Enrichment Magazin, invierno de 2008. Se publica con permiso del autor.

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