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Vida Cristiana

Morir a uno mismo

1 febrero, 2008835 visitas

Cuando se olvidan de usted, lo dejan de lado o lo humillan, y no lo lastima ni le duele el insulto o la injusticia contra su persona, sino que da gracias en su corazón porque ha sido considerado digno de sufrir por Cristo, eso es morir a uno mismo.


Cuando hablan mal de lo bueno que usted tiene, le niegan los deseos, ignoran sus consejos o ridiculizan sus opiniones, y usted se niega a permitir que la cólera anide en su corazón y rehúsa defenderse, aceptando la situación con una actitud de paciente bondad, eso es morir a uno mismo.


Cuando usted soporta paciente y amorosamente el desorden, las irregularidades, la impuntualidad u otras molestias similares, cuando se encuentra frente al derroche, la extravagancia, la insensibilidad espiritual y lo sobrelleva como Cristo lo sobrellevó, eso es morir a uno mismo.


Cuando no le complace referirse a sí mismo en las conversaciones, ni presentar una lista de sus buenas obras, buscando el reconocimiento de los demás, cuando realmente puede sentirse a gusto en el anonimato, eso es morir a uno mismo.


Cuando usted se muestra contento con cualquier comida, cualquier ofrenda, cualquier ropa, cualquier clima, cualquier compañía, cualquier soledad, o cualquier interrupción por amor a Dios, eso es morir a uno mismo.


Cuando usted ve prosperar a su hermano o ve cubiertas sus necesidades y logra honestamente regocijarse en su espíritu por el bien que le ha tocado a otro, sin sentir envidia, ni cuestionar a Dios, aun cuando sus propias necesidades parecen ser mayores y más urgentes… eso es morir a uno mismo.


Cuando alguien con menos estatura que la suya lo reprende o corrige y usted logra someterse humildemente, no solamente por fuera sino también por dentro, sin que se manifieste en su corazón un espíritu de rebelión o resentimiento, eso es morir a uno mismo.


¿Ya ha muerto usted? En estos últimos días el Espíritu conducirá a su pueblo hacia la cruz, a fin de «conocerle a El… llegando a ser como El en su muerte» (Fil 3.10)


©Apuntes Pastorales XXIV-4. Todos los derechos reservados.

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