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Liderazgo

Cuidemos a nuestros líderes

11 febrero, 2008936 visitas

¿Para qué descansar?


Me parece increíble que se haga siquiera la pregunta. Se hace quizás porque nuestros líderes han sido enseñados que el símbolo de la total abnegación es matarse trabajando. Cuánto más trabajan, más «santos» se les considera. Creo que este es un buen momento para evaluar este mito.


Hay muchas razones por las cuales debemos descansar y vamos señalar algunas:


Es el designio de Dios que descansemos. Es tan importante descansar que Dios lo incluyó entre los Diez Mandamientos (Ex 20.8–11) y usa tres versículos para explicar lo que significa descansar: para la sorpresa de muchos «trabajólicos» significa ¡no trabajar!

Es interesante notar que incluye un mandamiento positivo y otro negativo: debemos santificar el día de reposo, esto es, apartarlo, hacerlo especial, glorificar este día, y hacer en él cosas sagradas. A la vez hay un mandamiento negativo: no trabajar ni hacer trabajar a nadie, ¡ni siquiera a los animales! Dios nos declara culpables si trabajamos durante el día en el que él nos ha mandado descansar.


Dios descansó y nos dio el ejemplo. El «sábado» no empieza con los Diez Mandamientos. Existe desde la fundación del mundo, desde su misma creación. Dios creó el mundo y descansó, y como fuimos creados a su imagen y semejanza, Dios nos ordena que también descansemos.


La tierra tiene que descansar (Lv 25.2-7). Quizás nuestra tendencia es atribuir estos versículos al mundo agrícola, pero en aquellos tiempos la tierra era lo que producía, fructificaba y proveía para los pueblos. Pero hoy en día, nuestro mundo se ha industrializado, ha dado saltos astronómicos en términos tecnológicos, y lo que produce para muchos ya no es la tierra sino el trabajo. Podemos entonces deducir que es importante que nuestro trabajo y nuestros ministerios también descansen. Hay algo en el descanso que nos permite retomar el trabajo con nuevo vigor e interés.


Hay maldición si la tierra no descansa (Lv 26.32–35). Creo que es obvio: si no obedecemos los principios bíblicos que Dios nos ha dado, habrá consecuencias negativas. Muchas veces no entendemos por qué nuestro liderazgo está decayendo. Tampoco entendemos por qué muchos ministros y líderes son vulnerables a todo tipo de tentación, pero se debe simplemente a que están cansados. Este cansancio los deja expuestos no sólo a la tentación, sino a la misma maldición.


Por otro lado, hay bendición si guardamos el día de descanso. En Isaías 58.13–14 Dios nos ofrece bendiciones si guardamos del día de reposo.


Una de las cosas más importantes que he aprendido es que los esclavos no descansan. Cuando los hijos de Israel salieron del Egipto, el primer regalo que Dios les dio después de haberlos liberado fue el día de descanso. Esto fue algo absolutamente revolucionario en la cultura de aquel tiempo. (Y quizás sea algo revolucionario en nuestro tiempo también). Los esclavos, en este caso todo el pueblo de Israel, no descansaban pero las personas libres sí podían hacerlo.


En nuestros días nuestros pastores y líderes trabajan toda la semana, y el domingo trabajan el doble. Pocos son los que sacan otro día para descansar y que realmente lo respetan usándolo para estar en reposo y con su familia. Debemos preguntarnos cómo estamos viviendo: ¿como libres o como esclavos?


¿Cómo descansar?


Muchas personas no saben descansar. Otras, no se lo permiten a sí mismas. Quizás fueron criados en un hogar en el que el descansar o el «no hacer nada» era mal visto por sus padres por lo que ahora les produce culpabilidad. Aun otros sienten que descansar significa defraudar al Señor de alguna manera.


Como vimos en la respuesta a la primera pregunta, es un mandamiento de Dios que descansemos, entonces lo mejor que podamos hacer como líderes es ¡aprender a obedecer al Señor!


En términos prácticos:


Es importante separar un día por semana, sistemáticamente, para descansar y dedicarse al Señor. Mi experiencia me ha enseñado que si no hay un compromiso con Dios sobre este asunto, la tendencia es dejar el descanso de lado porque otras cosas surgirán que nos harán pensar que el descanso no es tan importante. Comprométase a dedicarle un día a Dios para el descanso, santificándolo, «apartándose» para el Señor.


¿Qué día? No me dispongo a entrar en la pelea teológica de si debe ser el sábado, el domingo o algún otro día. Creo que el principio básico es que un día de siete tiene que ser para descansar. Hasta los estudios médicos han demostrado que el cuerpo tiene este ritmo que necesita un descanso exactamente después de seis días. (¿Alguien se sorprendió? La ciencia sirve para confirmar los principios de Dios.) Decida cuál es el día que funciona para su descanso, y conságrelo al reposo, pero en un compromiso con Dios.


Empiece la noche anterior. Es interesante notar que en de la cultura judía, basados en la afirmación de que Dios creó el mundo «y fue la tarde y la mañana…», el día empieza al anochecer En vez de trabajar hasta tarde la noche anterior, empiece su descanso al anochecer del día anterior y termine al anochecer del día siguiente. Verá que el descanso trae más dividendos.


Sin caer en el legalismo, deje de hacer cosas en el día de reposo que normalmente hace. Por supuesto que trabajar, ¡ni pensarlo! Pero lleve la cosa más en serio. Tengo un amigo que no prende la computadora en sus días de descanso. Aunque le gustaría leer los correos electrónicos de sus familiares, sabe que la tentación de leer los recados del trabajo es demasiado grande. Hay mujeres que no cocinan, o no hacen compras en este día. Algunas personas aprovechan ideas de las ceremonias judías para «dar la bienvenida al Shabat», especialmente al Príncipe de Paz, nuestro Mesías. Todo lo que es trabajo, ¡fuera!


Haga cosas que normalmente no hace en los demás días. Santifique, separe, aparte este día para que sea distinto, diferente a los demás. Lea su Biblia, tenga un tiempo con Dios más largo. Salga a caminar (por el placer y no por el ejercicio.) Haga cosas que le den placer, comer un helado, jugar con sus hijos, leer juntos como familia, conversar.


Pase tiempo en oración con su familia y con su cónyuge. (Si usted es pastor, no vale aprovechar este día para preparar el sermón de domingo porque esto para usted ¡es trabajo!) Deléitese en el Señor, en Sus bendiciones, en su familia, en la creación. Aprenda a bendecir al Señor por el día de descanso.


La autora es una reconocidad psicóloga, de nacionalidad brasileña, con larga experiencia como terapeuta en psicodrama y capacitadora en esta modalidad de consejería familiar. Ha vivido y trabajado en Brasil, Bolivia, los Estados Unidos de América y Ecuador. Es coordinadora de Exodus Latinoamérica, además de mantener su práctica privada.

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