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Liderazgo

Las transiciones ministeriales

1 agosto, 20052845 visitas

Una transición representa una etapa de cambio entre una experiencia y otra, la cual trae como resultado, desarrollo a la vida del líder. A menudo inicia por un tiempo de crisis o conflicto ministerial. También puede venir cuando estamos en nuestro mejor momento en el ministerio o cuando las cosas van viento en popa y el barco parece fácilmente abrirse camino ante el majestuoso e imponente mar de la vida. Puede también suceder cuando nos sentimos secos y vacíos, dando vueltas en medio de un desierto, luchando con los deseos de huir y no volver nunca más a mirar para atrás.



Cuando el Señor quiere llevarnos a una transición, primero trata con nosotros y permite la aparición de ciertos factores o elementos. Por eso es necesario pedir al Señor la sensibilidad necesaria para detectar esas circunstancias en el momento preciso, para iniciar la transición en el tiempo de Dios, sin apresurarnos ni tampoco retrasarnos. En la obra del Señor en la Iglesia y en nuestra vida personal se requiere desarrollar la capacidad de discernir los momentos y de saber cuándo es el tiempo del Señor. Él siempre tiene la hora exacta, aunque con frecuencia su reloj no está sincronizado con el nuestro.



Al analizar el tema de las transiciones, resulta útil observar la historia de la separación entre Lot y Abraham, en Génesis 13. A continuación expongo algunos de los factores que Abraham notó que dirigieron su decisión de separarse de su sobrino:



Factores que orientaron la decisión de Abraham




1. Sentido de insuficiencia:


«Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos.» Génesis 13.6



El cronista de esta historia nos dice que la tierra no alcanzaba para las necesidades de los dos grupos familiares. Esto se da también en nuestros ministerios cuando somos conscientes de que las actividades en las cuales estamos ya no satisfacen nuestros anhelos más profundos. Una labor atractiva resulta que deja de serlo, aunque no estamos seguros de dónde viene el cambio. El sentido de insuficiencia crece y aumenta día a día en nuestro ser. A pesar de que el ministerio es bueno, vivimos una etapa de crisis la cual nos hace verlo con ojos diferentes. Este factor de por sí no es suficiente para pensar en una transición, pero es bueno estar atento para observar si otros elementos comienzan a sumarse a este primero



2. Sentido de abundancia:


«Pues sus posesiones eran muchas.» Génesis 13.6



Las posesiones de estos dos hombres eran muchas. Dios los había enriquecido y prosperado. En la medida en que el tiempo pasaba, las bendiciones del Señor se multiplicaban y por eso la tierra ya no alcanzaba. De la misma manera el crecimiento de una congregación —ya de por sí una bendición— puede producir muchas veces incomodidades, porque tal vez el edificio que en otro tiempo era bueno ya no alcanza para satisfacer las necesidades del pueblo. Otras veces en nuestra vida ministerial nuestros dones, capacidades para ministrar y experiencia en la obra han aumentado con el pasar de los años y ya no podemos ejercerlos en el lugar donde estamos porque la tierra es insuficiente. Es en ese momento cuando nuestra frustración gira alrededor de esa certeza de que no se está desarrollado el ministerio (o los dones) que hemos recibido de Dios. Nuestro corazón está inquieto, pues queremos operar en nuestro máximo potencial, pero no podemos. Este sentir comienza a leudar, poco a poco, nuestra mente y nuestro ser.



3. Sentido de incomodidad:


«Y no podían morar en un mismo lugar.» Génesis 13.6



En ese momento, ya no solo era cuestión de insuficiencia de espacio por causa de la abundancia sino también un verdadero estado de incomodidad entre los dos grupos. Se hacía difícil mantenerse juntos porque las circunstancias se habían vuelto adversas, y las personas habían dejado de ayudarse mutuamente para convertirse en rivales. Las tensiones a su vez, se manifestaban en todos los niveles (tanto físico como emocional y laboral). Abraham observaba día a día estos tres factores y sabía que era esencial tomar una decisión. De la misma manera ocurre con nuestra vida y ministerio: no solo estamos agotados por la insuficiencia de la tierra donde estamos, por causa de la abundancia de capacidades dadas por Dios, sino que la incomodidad comienza a abrazarnos suavemente para insinuarnos caminos no muy claros. Lentamente se apodera de nuestros corazones una pregunta insistente: ¿qué significa todo esto?…



4. Sentido de pérdida de armonía:


«Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abraham y los pastores del ganado de Lot.» Génesis 13.7



Aquí se observa un cuarto elemento de gran peso: las relaciones familiares comenzaron a afectarse. Esto ocurre invariablemente donde se ha instalado la competencia como un estilo de vida. Llegaban a oídos de Abraham los permanentes informes de discusiones y peleas entre sus pastores y los de Lot. La presión aumentaba día a día y definitivamente urgía una pronta solución para mantener en buenas condiciones las relaciones interpersonales, Sus intervenciones, sin embargo, no lograban desactivar la fuerte rivalidad que se había instalado en su medio.



No sería extraño que en alguna ocasión de nuestra vida personal o ministerial, hayamos sentido la aparición de este cuarto factor: la pérdida de la armonía con quienes estamos involucrados en la obra. No deseamos que suceda pero ocurre. En esas condiciones resulta difícil llevar adelante la labor. Si las buenas relaciones se rompen, la vida deja de fluir, porque esta circula por medio de los vínculos entre las personas.



5. Sentido de acoso espiritual:


«Y el cananeo y el fereseo habitaban entonces en la tierra.» Génesis 13.7



Un quinto factor, externo, se suma a los mencionados. El relator anota que los cananeos y fereseos habitaban en esta tierra, pueblos hostiles a la familia de Abraham. El tener que enfrentar constantemente tensiones con los de afuera le acentuaba a Abraham la difícil tarea de una conciliación. Este factor no debía ser preocupante para Abraham porque Dios mismo lo había traído a habitar la tierra, pero se sumaba al desgaste y a las rencillas internas.



Muchas veces en el ministerio pareciera que se añaden situaciones de crisis espiritual externas a nuestros conflictos personales, las cuales agregan su cuota de presión y frustración a nuestra vida. En ocasiones, hasta podemos experimentar el acoso espiritual de un enemigo que desea neutralizar nuestro aporte al reino.




Una decisión impostergable


«Entonces Abraham dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo ruego que te apartes de mí.» Génesis 13.8



Como resultado de todo esto nos confundimos y no sabemos cómo enfrentar o salir de la situación. Sin embargo, Abraham sabía qué hacer: había llegado el momento de moverse con firmeza, sin esperar más. El momento de transición había llegado y, en este caso, se debía acudir a la separación, y ese era el momento de Dios para su vida. ¿Por qué seguir bajo tal presión cuando era evidente que un nuevo camino se abría ante ellos?



De este modo, el patriarca rompió definitivamente con un suceso que había traído desgaste, tensión y rencillas a todo el grupo familiar con el cual estaba involucrado. Inició así una nueva etapa de crecimiento espiritual como resultado del paso que tomó.



Si empezamos a notar que el Señor nos lleva hacia un cambio, es mejor no resistir y aceptarlo por la fe. La mejor manera de ingresar a estas transiciones es con pie seguro, y este paso se da en el altar de Dios. El capítulo 13 de Génesis comienza con el relato de que Abraham edificó un altar a Jehová y termina con la construcción de otro altar a Dios. Antes de la transición y después de ella, Abraham consultó y adoró a su Creador. De esta forma podemos entender que es a los pies del Señor donde comprendemos las transiciones y entramos en ellas. Acerquémonos, pues, al altar de Jehová para ofrecer allí, día a día, el ministerio que Dios nos ha entregado. De esta manera no tendremos temor de los cambios y alabaremos al Señor porque él con sus sorpresas siempre nos lleva de victoria en victoria.



Sugerencias para vivir bien la transición




  • Déle gracias a Dios por la vida de las personas que usó para llevarlo a la transición. Muchas veces es necesario que él produzca tensiones para movernos, por eso, no guarde rencor hacia ellos, ya que han sido instrumentos para mejorar su vida.


  • Tome un tiempo para celebrar todas las victorias que el Señor le permitió vivir en el lugar donde lo puso, y dé gracias por las vidas y los lazos formados. No hay desperdicio en el tiempo invertido cuando le hemos estado sirviendo a Él.


  • No salga sin reparar cualquier relación que pueda haber quedado dañada. Quizás nunca logre ponerse de acuerdo con algunos, pero sí puede estar en paz con todos. Tome la iniciativa de buscar reconciliación donde sea necesario.


  • No proyecte sobre su nuevo ministerio las frustraciones del anterior. Cada lugar donde Dios lo pone trae oportunidades únicas por el tipo de personas con las que trabajan. Por esa razón, busque conocer la voluntad del Señor para este grupo.


  • Obtenga conclusiones de las lecciones enseñadas por Dios en el lugar que ha estado. No olvide que estas vienen por sus aciertos pero también por sus errores, pues Dios siempre trabaja en la formación de sus obreros. ¿Qué quiso enseñarle durante ese tiempo?


  • Afirme como principio fundamental de su ministerio que el que abre y cierra las puertas de oportunidad es el Señor. Nuestra presión no produce oportunidades de ministerio. Por tanto, ¡busque trabajar descansando en su gracia!

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