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Hijos

La conversión de un niño: Toda una vida fructífera y de servicio por delante

15 julio, 2005809 visitas


Segundo artículo de la serie: Toda una vida por delante



Podemos ver en la Biblia a varias personas que tuvieron experiencias con Dios o que fueron influenciadas para Dios siendo aún jóvenes, y que en consecuencia vivieron vidas fructíferas y de servicio:



Samuel oyó y respondió a la voz de Dios siendo aún niño. De hecho, era un niño pequeño en ese momento (1 Samuel 3:7,10,19).


A la edad de diecisiete años José había demostrado ser un hijo obediente (Génesis 37:13–17) y que el Señor estaba con él (Génesis 39:2,3).


La base de la larga vida de servicio y utilidad de Moisés fue establecida durante su infancia y niñez cuando fue instruido e influenciado por sus padres (Exodo 2:1–10, Hebreos 11:23–26).


David aparece por primera vez en las Escrituras como un joven (1 Samuel 16:11,12) y testifica de la obra de Dios en él y su confianza en Dios desde su juventud (Salmo 71:5, 17).


Joás ascendió al trono a los siete años de edad, y se relata que hizo lo que agradaba al Señor mientras vivió el sacerdote Joyadá (2 Crónicas 24:1,2).


Josías ascendió al trono a los ocho años e hizo lo que agrada al Señor. Luego empezó a buscar al Señor a los 16 años (2 Crónicas 34:1–3).


Daniel fue uno de un grupo de niños o jóvenes (Daniel 1:4) quienes definieron su lealtad hacia Dios en un ambiente pagano (Daniel 1:8).


Timoteo vino a Cristo bajo el ministerio de Pablo probablemente siendo adolescente (Hechos 14:6, 7; 16:1–3; 1 Timoteo 1:2; 2 Timoteo 1:2), pero está claro que el fundamento se estableció en la infancia (2 Timoteo 3:15).


Abdías fue fiel a Dios desde su juventud (1 Reyes 18:12).


Mientras que la Biblia deja en claro que Samuel conoció a Dios desde temprana edad, no tenemos referencias directas a la época en la que Dios empezó a obrar en los corazones de la mayoría de los que se mencionan arriba. Pero bien podría haber sido en su niñez. De hecho la base de sus vidas largas y fructíferas tiene que haberse establecido durante su niñez, ya sea por sus padres o por otros.



Vemos que obra el mismo principio hoy en día. Corrie ten Boom fue una conocida cristiana holandesa y evangelista. Murió a los 91 años. Pero había confiado en Jesús a los 5 años. ¡Que maravilloso servir a Dios durante 86 años! ¿No hace esto que la evangelización de niños valga la pena y sea lógico?



Muchos otros siervos de Dios confiaron en Jesucristo como su Salvador siendo aún niños, y empezaron vidas de servicio y fructificación. Nombraremos a algunos:




Richard Baxter, pastor y uno de los eminentes teólogos puritanos del siglo XVII.


Mateo Henry, el mundialmente conocido comentarista de la Biblia de fines del siglo XVII.


Jonathan Edwards, el pastor, predicador y teólogo norteamericano del siglo XVIII quien fue grandemente usado por Dios con la bendición de avivamiento.


Isaac Watts, el conocido autor de himnos inglés de principios del siglo XVIII.


Jim Elliot, quien fue martirizado en este siglo por los Aucas de Ecuador.


Leighton Ford, cuñado del Dr. Billy Graham, y conocido evangelista.


Stephen Olford, pastor y autor inglés quien ha sido fuente de bendición para muchos.



De igual manera, una buena proporción de los misioneros que actualmente sirven al Señor Jesús en muchos países del mundo, confiaron en él como su Señor y Salvador a una tierna edad.



Gypsy Smith, el conocido evangelista británico de principios de siglo, dijo: «Si se salva un hombre, se salva una unidad; si se salva un niño, se salva una tabla de multiplicar».



Estamos agradecidos que ha habido quienes acudieron a Jesucristo siendo mayores. Sin embargo, muchos de ellos dirían que aunque se regocijan en su salvación, su principal pesar es no haber confiado en Jesucristo cuando eran jóvenes.


Un hombre mayor me dijo una noche: «Estoy tan contento de ser salvo. Confié en Cristo hace 5 años, a la edad de 60 años; y estoy agradecido que él sea mi Salvador. Pero mi vida ha sido malgastada. He dado mis mejores años al mundo y al diablo. Y me quedan pocos para darle a él. Desearía de todo corazón haber confiado en él cuando era joven.»



Tomado y adaptado del libro ¿Por qué evangelizar a los niños?, Sam Doherty, Desarrollo Cristiano Internacional, 2002, pp. 69–72

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