Siempre aníme a sus hijos a ser persistentes, sea franco con ellos, disciplínelos cuando no lo hagan, pero siempre anímelos. Sea de ánimo para sus hijos y se lo agradecerán por el resto de su vida.
La Iglesia debe proveer claras enseñanzas a los jóvenes sobre el valor de la abstinencia sexual fuera del matrimonio.
Si perdemos nuestro hogar, bíblicamente quedamos descalificados para ejercer el ministerio. Muchos sienten culpabilidad por dedicar tiempo para gozar a la familia, pero el no hacerlo trae tristes consecuencias. El autor nos reta a que cada uno de los que estamos en el ministerio nos deleitemos en el seno de nuestras familias y aprendamos a disfrutar el tiempo que compartimos con ella.
Los niños reciben muchas y diversas influencias fuera de casa, pero la más duradera es la que ejercen sobre ellos sus propios padres. El hogar es la verdadera catapulta, el verdadero impulso para que los hombres y mujeres de mañana ingresen al complejo mundo en el cual nos toca vivir. Esa es la legítima plataforma de lanzamiento.
De alguna manera, todos los que enseñamos la Biblia a los niños nos hemos hecho estas preguntas en alguna oportunidad. ¿Por qué enseñamos la Biblia a los niños? ¿Vale la pena? ¿Debemos solamente ofrecerles un lugar apropiado para que amen la iglesia y esperar hasta que sean más grandes para enseñarles las verdades bíblicas?
A mayor edad de la persona, mayor es su resistencia al evangelio, y resulta más difícil alcanzarlos para Cristo. El rechazo continuo hace que el corazón se endurezca más (Hebreos 4:7; 2 Corintios 6:12). Por lo tanto la niñez y la juventud son los mejores años para la salvación, y en consecuencia los campos más fructíferos de evangelización.


