Siempre aníme a sus hijos a ser persistentes, sea franco con ellos, disciplínelos cuando no lo hagan, pero siempre anímelos. Sea de ánimo para sus hijos y se lo agradecerán por el resto de su vida.
La Iglesia debe proveer claras enseñanzas a los jóvenes sobre el valor de la abstinencia sexual fuera del matrimonio.
Si perdemos nuestro hogar, bíblicamente quedamos descalificados para ejercer el ministerio. Muchos sienten culpabilidad por dedicar tiempo para gozar a la familia, pero el no hacerlo trae tristes consecuencias. El autor nos reta a que cada uno de los que estamos en el ministerio nos deleitemos en el seno de nuestras familias y aprendamos a disfrutar el tiempo que compartimos con ella.
Los niños reciben muchas y diversas influencias fuera de casa, pero la más duradera es la que ejercen sobre ellos sus propios padres. El hogar es la verdadera catapulta, el verdadero impulso para que los hombres y mujeres de mañana ingresen al complejo mundo en el cual nos toca vivir. Esa es la legítima plataforma de lanzamiento.
Más de un tercio (el 35%) de la población total del mundo son niños. Imagínese todas las almas que eso representa. Con ese dato en mente, surgen varias preguntas entre ellas: ¿Debo evangelizar a los niños? y ¿por qué debo hacerlo? Sencillo, porque Dios nos manda a anunciar las buenas nuevas a toda criatura, y entre esas criaturas están los niños.
Nosotros que evangelizamos a niños no sólo nos interesamos por sus almas sino que también nos interesan sus vidas. Cuando un niño confía en Jesucristo, en la bondad de Dios aún tiene muchos años para vivir para él. El autor Sam Doherty nos hace reflexionar acerca de lo hermoso que es la salvación de un niño.


