Amar a los hijos es una tarea compleja. Aunque Dios ha dado a las madres amor natural por sus propios bebés, hoy esa inclinación innata está siendo reprimida por madres ya sea por el aborto o porque delegan en otros el cuidado de ellos.
Los corazones de los niños son tiernos, que pueden ser muy sensibles, y sentirse culpables por el pecado. Pero en Jesucristo y en su evangelio está la respuesta a todas sus necesidades espirituales. Entonces, ¿por qué esperar hasta la adolescencia antes de darles las respuestas que necesitan para los problemas de la niñez?
Los últimos dos pasos nos enseñan la forma en que podemos iniciar un discipulado con el niño y cómo podemos compartir las hermosas promesas que Dios ha hecho para los que creen en Cristo. Además, nos ofrece unos posibles pasos finales que complementarán algunos detalles importantes de este proceso de evangelización.
Tal vez no encontremos una buena respuesta. Sin embargo, sea viejo o nuevo, el problema de la brutalidad para con los niños y el menosprecio del valor de sus vidas se hace patente en estos tiempos, al punto de pensar seriamente en un contrato de las huestes espirituales de maldad para con la misma raíz de la humanidad.
Muchos cristianos se convirtieron cuando eran niños. El siguiente artículo nos da ejemplos de grandes hombres que llegaron a Cristo siendo niños. Además, nos hace reflexionar acerca de que si la experiencia demuestra que los niños son bastantes receptivos, entonces ¿por qué nos cuesta tanto evangelizar a los niños y prestarles la atención que merecen?
El siguiente artículo nos proporciona tres prácticos bosquejos que nos ayudarán a recordar los diez pasos que podemos utilizar en el momento en que evangelizamos a un niño.


