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Vida Cristiana

¿Qué significa?

16 noviembre, 20111827 visitas

Cuando Jesús entregó al apóstol Pedro las llaves del reino de los cielos, también le advirtió: “todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:19). ¿Qué significan “atar” y “desatar” en esta frase? ¿Y por qué las acciones que los discípulos realicen en la tierra valen también en los cielos?

Este texto a menudo se asocia con la teología del “traspaso de las llaves”, mencionada en el ensayo “Una extraña costumbre…” (13 mayo de 2009, en el blog de Juan Stam), y es del mismo pasaje bíblico. En 18.18, hablando del perdón, la frase se extiende a todos los fieles y se amplía su significado con agregar: “que si dos de ustedes se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”. Ahí la relación tierra/cielo tiene que ver con la oración.

El telepredicador guatemalteco Cash Luna, siguiendo el errado pensamiento del pastor coreano Yonggi Cho, ha insistido constantemente, con mucho sensacionalismo, en su interpretación de esta frase. “El texto no dice, aten ustedes lo que está atado en el cielo”, afirma el predicar con tanto dogmatismo como simplismo exegético: “Al contrario, se ata en la tierra por nosotros. Es una sinergia” (palabra sublime, sin ningún sentido claro, muy de moda entre estos predicadores). Al igual que el novedoso “Yo te bendigo”, esta interpretación de las palabras de Jesús coloca al creyente, como ser humano, en el lugar de Dios mismo.

Típicamente, el predicador mencionado no se preocupa de averiguar el significado correcto de los verbos “atar” y “desatar”, ni cuál fue el contexto de las palabras de Jesús, ni qué era el mensaje que Jesús quería comunicar a sus discípulos con estas palabras. El mayor error de estos predicadores es no preocuparse por el sentido original del texto, para sus primeros oyentes y lectores.

La frase bajo consideración corresponde a una fórmula legal para expresar la plena autorización de un emisario (Esdras 7:14; Daniel 5:24). Otras variantes de la fórmula son “el que te recibe a ti me recibe a mí” (Marcos 9:37; Juan 13:20), “el que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Lucas 10:16), y “a que remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20:23). Todas estas fórmulas, igual que Mateo 16:19 y 18:18, significan lo mismo: la presencia de Dios con sus siervos avalando su ministerio, en fidelidad a la voluntad de quien nos ha enviado.

El grave error de estos predicadores es de pensar que la nuestra acción vale en lugar de la acción de Dios. Juan 20:23 no significa que nosotros por autoridad propia perdonamos pecados, en lugar de Dios, sino que Dios perdona pecados por medio de nosotros. Cash Luna saca esa inferencia muy equivocada, para caer en una falsa oposición, no Dios sino nosotros. Presupone que si nosotros atamos y desatamos, o perdonamos o retenemos pecados, entonces Dios no puede obrar lo que a nosotros nos toca. Es lógica, pero falso. 

Lo peor de esta aberración es que nos pone a nosotros en el lugar de Dios. Es la misma falacia de argumentar que si nosotros poseemos las llaves, ya no las posee Dios. La misma desviación se refleja en las ya populares expresiones de “Yo te bendigo, hermano” o “yo proclamo”, “yo declaro, yo decreto”. ¡¡Tanto yo!! Se nota un afán por tomar prerrogativas de Dios y atribuírnoslas a nosotros mismos como autoridades espirituales que nos creemos ser. Hay una idolatría implícita en ponernos a nosotros mismos en el lugar que corresponde a Dios. 

Al contrario, todas estas fórmulas solo significan que nosotros estamos enviados a actuar en nombre de Dios, en conformidad con su voluntad y su Palabra. No nos autoriza a actuar en lugar de Dios. En el contexto histórico, parece que tanto las llaves como el atar y desatar significan autoridad para definir doctrinas fieles o heréticas y para determinar reglas de conducta permitida o prohibida (cf Mateo 23:4). Por eso sigue inmediatamente a la confesión por Pedro de fe en Cristo (Mateo 16:16), que no era por inteligencia humana sino por revelación divina (16:17). Con esa confesión Pedro empleó las llaves y ató una verdad. Pero en seguida Pedro se equivocó de plano, a oponerse al anuncio de la cruz (16:22). En su discípulo, Jesús escucho más bien la voz de Satanás (16:23). En eso no valían ni el poder de las llaves ni la autoridad de atar y desatar.
¡Cristo tuvo que “desatar” al mismo Pedro! Sin duda, muchas de las herejías que circulan en nuestro medio no están “atadas” en el cielo. 

Para concluir, conviene observar que “atar” y “desatar” no se relacionan con la posesión demoníaca ni con el exorcismo. La expresión en Mateo 12:29 y Marcos 3:27 es una metáfora; en Marcos 7.35 y Lucas 13.16 se trata de enfermedades físicas; y en Marcos 5.3 y Lucas 8.29 se refiere literalmente a amarrar a una persona peligrosa. 

¡¡Tanto yo!! Hoy se nota un afán por tomar prerrogativas de Dios y atribuírnoslas a
nosotros mismos como autoridades espirituales que nos creemos ser.

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