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Vida Cristiana

¡Aprende a compartir!

9 abril, 20102953 visitas

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Todo lo que se da debería ser dado con fe, con gozo, modestia, temor y bondad. Yo creo firmemente que una de las principales razones por las que Dios nos va a permitir disfrutar de la prosperidad es para poder compartirla.»
Voy a tomar como ejemplo a la comunidad judeocristiana que vivía en la ciudad de Corinto, Grecia, a principios del primer milenio, porque creo que su situación económico-social dentro del Imperio Romano, tiene mucho paralelismo con nuestra situación actual dentro del proceso de globalización que estamos viviendo.Si no compartimos, morimos un poco. Hemos sido diseñados para compartir lo que tengamos, las alegrías y las tristezas… San Pablo, que estaba justamente en el proceso de levantar una ofrenda de amor para los pobres de Jerusalén, les enseña: “Dios puede darles a ustedes con abundancia toda clase de bendiciones, para que tengan siempre todo lo necesario y además les sobre para ayudar en toda clase de buenas obras .
Dios, que da la semilla que se siembra y el alimento que se come, les dará a ustedes todo lo necesario para su siembra, y la hará crecer, y hará que la generosidad de ustedes produzca una gran cosecha. Así tendrán ustedes toda clase de riquezas y podrán dar generosamente” (2da Corintios 9:8, 10-11).
Dentro de las tradiciones judía, cristiana y de las otras principales religiones del mundo existe un énfasis vigoroso en la enseñanza con respecto al compartir con aquellos que tienen necesidad. Compartir con los demás es un Principio del TAO, fundamental para desarrollar la actitud correcta frente a la vida.
San Pablo, en otra carta, le escribe a su discípulo Timoteo: “A los que tienen riquezas…, mándales que no sean orgullos ni pongan su esperanza en sus riquezas, porque las riquezas no son seguras. Antes bien, que pongan su esperanza en Dios, el cual nos da todas las cosas con abundancia, y para nuestro provecho. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras y que estén dispuestos a dar y compartir lo que tienen” (1ra Timoteo 6:17-18).
Por eso la tradición cristiana de occidente ha generado una innumerable cantidad de organizaciones de beneficencia que nos han conmocionado socialmente a través de los siglos. Podríamos mencionar, entre otras, hospitales, escuelas, orfanatorios, la Cruz Roja, el Ejército de Salvación, Visión Mundial y muchas más.
Cualquiera que sea tu posición religiosa, creo que es importantísimo que aprendamos a compartir de nuestras bendiciones. Si no lo hacemos, morimos un poco como personas. Hemos sido diseñados para compartir lo poco o lo mucho que tengamos, las alegrías y las tristezas. El egoísmo o la avaricia no nos caen bien al espíritu.
Esa es una de las razones por las que el Mar Muerto (en Israel) está literalmente muerto. El Mar Muerto se encuentra a 398 metros debajo del nivel del mar, y el río Jordán entrega a este mar más de 6 millones de metros cúbicos de agua por día. Sin embargo, el Mar Muerto tiene un problema: solamente recibe agua, nunca la da. El agua entonces se estanca, y con la evaporación que produce el sol del desierto, la concentración de sal aumenta.El Mar Muerto nos enseña que el dar, luego de recibir, es un proceso vital que permite mantener la frescura de nuestro corazón. La concentración normal de sal en el océano es de 2 a 3%; mientras que la concentración de sal en el Mar Muerto es de 24 a 26%, además del magnesio y el calcio. No hay vida que aguante ese potaje químico.
El Mar Muerto, con sus mil kilómetros cuadrados de superficie, es grande, rico en minerales, y probablemente, el mar más conocido del mundo. Sin embargo, ha perdido la vida. Está vacío en su interior. La experiencia del Mar Muerto nos enseña entonces que el dar, luego de recibir, es un proceso vital necesario que permite mantener la frescura de nuestro corazón.
PARA COMENTAR
– ¿Por qué nos resulta tan difícil compartir y tan fácil ser egoistas?
– ¿Cómo podríamos fomentar el acto de “compartir” en nuestras iglesias?

©Copyright 2010, Conceptos Financieros Crown, todos los derechos reservados. DesarrolloCristiano.com, usado con permiso.

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llegado el momento da su fruto,
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Salmo 1:3 RVC