Influencia peligrosa
Al examinar la evidencia que los primeros capítulos de Hechos proveen, resulta difícil ignorar el peso de Pedro en los eventos que siguieron a la ascensión de Cristo y la autoridad que ejerció en las decisiones que se tomaron en los primeros años de la Iglesia. No cabe duda de que fue una de las figuras clave en la Iglesia de los primeros tiempos.
Los del Sanedrín consideraban que era de tal peso la influencia que poseía, junto a Juan, que decidieron arrestarlo (Hch 4.1). El Espíritu actuó primeramente en Pedro para derribar las barreras que impedían el trabajo de la Iglesia entre los gentiles (Hch 10) y, luego, el testimonio del apóstol fue uno de los elementos clave para resolver el conflicto entre la Iglesia y Pablo, en el primer concilio de Jerusalén (Hch 15).
La declaración de Cristo ofrece evidencia adicional acerca del hecho de que sus palabras estaban dirigidas a Pedro. «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos». La frase habla de una autoridad que no asociamos muy a menudo con la Iglesia. No obstante, la fuerza de ellas no pueden ser negadas ni ignoradas. Jesús claramente poseía una visión de la Iglesia que dista mucho de la institución ineficaz e insignificante que representan muchas congregaciones hoy en día. Sin duda la ausencia de hombres de peso entre nosotros dificulta también que aceptemos que Pedro fuera constituido como pilar en la propagación del evangelio luego de la partida de Cristo.
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