Más allá de los eventos
El relato de los pastores acerca de todo lo que habían vivido en el campo dejó maravilladas a las personas que lo escucharon. Cuando concluyeron su visita al establo «se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho» (v. 20).
Como hemos señalado, los pastores ya no eran las mismas personas que habían sido cuando comenzó la noche. El mover de Dios entre los hombres no contempla la posibilidad de que algunos se ubiquen en el plano de espectadores, pues siempre obliga a una respuesta, aun cuando esta pueda darse en forma de un categórico rechazo a su propuesta.
Los pastores, sin que nadie les hubiera dicho que esta era la respuesta apropiada, volvieron glorificando y alabando al Señor. Es decir, dieron rienda suelta a los impulsos naturales que produce el abrirse a la vida espiritual, algo que guardan en común todas las vidas que fueron tocadas por el Señor en los evangelios.
Lucas añade un pequeño comentario a la escena de euforia que vivían los pastores. «Pero María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón» (v. 19).
La respuesta de la madre del Señor es reveladora porque nos indica que algunos, en el pueblo de Dios, recorrerán un camino aún más profundo que el de los pastores. Este camino resulta no solamente de responder a los estímulos inmediatos de la vida, sino de buscar la forma de dilucidar las verdades espirituales a las que apuntan las manifestaciones más visibles del Señor. Es en este segundo nivel que una persona puede percibir los principios universales que se aplican a una diversidad de situaciones y que pueden servir para edificar la vida de otros, o producir en nosotros un crecimiento más sostenido.
El recorrido de María no todos podrán realizarlo, ni tampoco todos han sido llamados a él. Lo que sí podemos afirmar es que el Señor siempre ha provisto a su pueblo de personas sabias y entendidas en los asuntos del reino, que pueden formar y edificar a otros en una experiencia espiritual más sólida.
Para quienes hemos sido llamados a esta función dentro del Cuerpo, separar tiempos para reflexionar y meditar sobre el significado de una diversidad de experiencias es una disciplina importante. De este ejercicio podremos destilar los tesoros que serán útiles en el trabajo de acompañar a otros en su vida espiritual. Observe, en los evangelios, con cuánta frecuencia llevaba Cristo a los discípulos a meditar sobre el significado de los eventos que sucedían en la vida de ellos. Este hábito enriquecerá mucho nuestras vidas y ministerios, pero demanda de nosotros cultivar el deseo de profundizar en los asuntos de Dios.
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