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Mujer

Áloe vera

15 julio, 2005739 visitas


El áloe es originario de África Oriental y Meridional. Las especies del género de los áloes son casi siempre leñosas, pero con hojas muy grandes y carnudas, dispuestas en grandes rosetones y con una espina recia en su extremo, armadas de otras espinas marginales más pequeñas.


A través de la historia el áloe es conocido por sus múltiples beneficios. Alrededor del año 2000 a. C. los egipcios le otorgaban poderes divinos, mientras que los chinos la llamaban «planta medicinal» y los africanos «vegetal para quemaduras». En tanto que los nativos de América la identificaban en sus lenguas como «la que sana por sí misma».


Las hojas cuya savia se utiliza son las carnosas, miden unos 50 cm de largo, 10 ó 20 cms. de ancho y 5 cms. de grueso. Al hacerles un corte exudan un líquido acuoso de sabor muy amargo. Hay que cortar las hojas de modo que la secreción pueda recogerse en un recipiente. A continuación se condensa el líquido poniéndolo al fuego o al baño María. Después de separar la espuma se le vierte en otro recipiente en el que se solidificará y se podrá utilizar.


El áloe es un purgante vigoroso de rápida acción que incide sobre el intestino grueso. La tintura, el extracto y otros preparados tienen cierta importancia como productos estimulantes de la secreción biliar. El áloe es eficazmente empleado como purgante, colágeno y aperitivo.


El acíbar no debe darse a las mujeres durante la mens-truación y el embarazo, ni tampoco a cuantos padecen hemorroides sanguinolentas. Tampoco se debe administrar a los niños.


En el área de belleza es muy útil ya que penetra en las tres capas de la piel: epidermis, la dermis, la hipodermis, y expulsa las bacterias y los depósitos de grasa que tapan los poros. Al mismo tiempo la acción de los nutrientes naturales, los minerales, las vitaminas, los aminoácidos y las enzimas, estimulan la reproducción de nuevas células.


Es un importante regenerador celular, cicatrizante, tonificador y de alta penetración en la piel.


Cuando se usa con regularidad, evita las arrugas prematuras y retarda las propias de la edad. Reduce la medida de los poros abiertos, y se puede usar bajo el maquillaje.


El jugo del áloe vera, se puede utilizar como champú, fijador y acondicionador, con notables resultados tanto para el cabello, como para el cuero cabelludo. Se coge un trozo de hoja y se le sacan los bordes espinosos, y luego se corta por la mitad. Se pase bien por toda la cabeza. Cuando se ha secado, puede dejarse reposar un rato, o bien toda la noche. Al día siguiente, se aclara con agua, y el áloe dará brillo, fuerza y protección al cabello. Las enfermedades del cuero cabelludo, la grasa y la caspa, se tratan directamente, con jugo de áloe.


Entre sus aplicaciones más conocidas, se mencionan la regularización del sistema digestivo, su acción cicatrizante y antiinflamatoria. Su utilidad en el campo de la cosmética y la alimentación (por su rico aporte de vitaminas) incrementa su valor integral en el mercado internacional.


Sin embargo, las propiedades de esta planta son tan duraderas como una «flor de un día». Al cabo de unas tres o cuatro horas de haber cortado las verdes pencas de la sábila, el poder curativo de su gelatinoso cristal se habrá esfumado por completo.


©Mujer Líder/ Edición octubre – diciembre de 2004/ Volumen II – Número 3


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