La lascivia es un pecado destructivo que domina y controla la mente y la vida hasta hacer de sus víctimas hombres débiles, lánguidos, enfermizos y abatidos. Al llegar a ese punto el hombre cristiano ha dejado de someterse al señorío de Jesucristo para someterse a un tirano, un déspota, un opresor.
Aunque el divorcio nunca ha sido una opción para muchos matrimonios, en sus días más desesperados muchos le han dicho a Dios: «¡No puedo más!». A pesar de todo, gracias a la fidelidad de Dios y su poder de resurrección muchos han seguido adelante. A continuación encontrará varias de las lecciones que la autora ha aprendido acerca de cómo amar a su esposo aun en los momentos difíciles.
Básicamente hay dos perspectivas sobre el alcoholismo y la mayoría de las otras adicciones: una médica y otra moral o religiosa. El punto de vista médico dice que el alcoholismo es una enfermedad; el punto de vista moral dice que es pecado o desobediencia a Dios. El punto de vista que uno adopte tiene implicaciones para la manera en que uno vive toda su vida.
¿Qué está motivando que más y más jóvenes cristianos estén sosteniendo vidas dobles? Aún más importante, ¿qué pueden hacer los pastores, líderes de jóvenes, y adultos para ayudarlos a salir victoriosos de sus luchas constantes contra las conductas sexuales adictivas?
Las adicciones producen ataduras compactas y resistentes por lo que se requiere de una tenaz voluntad, esfuerzo y paciencia para soltarlas.


