Para avanzar en una vida espiritual disciplinada, necesitamos enseñarle a nuestro cuerpo que la última palabra en su vida la tiene Jesucristo.
Un líder que establece con claridad sus prioridades ministeriales, proporciona dirección a aquellos a su cargo.
El líder que quiera participar en los proyectos de Dios tiene que dejar de confiar en sus propias habilidades.
Con oración podemos tocar vidas de maneras que no son posibles con otras actividades.
Todo líder maduro, que ha prestado especial inerés por sus discípulos, debe pesar cuidadosamente sus palabras antes de emitirlas.
Un buen líder escucha a sus consejeros aunque la opinión de ellos se aparte de la suya.


