Nuestro distintivo de lideres con llamamiento celestial es nuestra preocupación por las personas.
El problema no está en tener sentimientos depresivos sino en que ellos controlen mi conducta.
Lo que un líder es, queda al descubierto cuando los más cercanos a él le dan la despedida.
El líder maduro va a buscar siempre lo que más le conviene a su gente, aun cuando esto le quite «prestigio» a su propio ministerio.
Para poder avanzar hacia la madurez espiritual debo abandonar todas las actitudes infantiles egoístas.


