Como líderes, siempre debemos apelar al amor, porque cuando el amor nos motiva produce poderosa obra de transformación.
Los líderes hemos sido llamados a formar personas.
Los que estamos en el ministerio, debemos cultivar relaciones clave con personas clave.
Nuestras obras proclaman que nos hemos comprometido con Aquel que nos llamó a su admirable luz.
Los líderes somos responsables de dar evidencia de una transformación ética en nuestra vida.
La iglesia, cuando funciona con la dinámica correcta, se reúne para luego salir a conquistar nuevos territorios.


