Ni el sufrimiento ni la estrechez económica debe robar nuestra espíritu de generosidad.
La popularidad no siempre constituye una bendición de lo alto y las acciones de Jesús lo corroboran.
La condición para ejercer la autoridad que hemos recibido es que estemos plenamente identificados con Cristo.
El diablo quiere seducirnos al pecado infructuoso y debilitante de la preocupación ansiosa. Si falla con la tentación de la avaricia, intentará hacernos caer en la ansiedad. ¿Será eso lo que quería enseñarnos el Señor en Mateo 6.25?


