«Sola Scriptura, Sola Gratia, Sola Fide», es decir, «Sola Escritura, Sola Gracia, Sola Fe» Pero, ¿qué significa esta declaración, la cual forma parte de la Reforma del siglo XVI?
¿Cuántas veces la Palabra de Dios no ha sido modificada para poder sostener el criterio del exegeta? Nadie que estudia e interpreta las Escrituras debe olvidar que sus afirmaciones pueden afectar dramáticamente la vida de quienes tienen una relación con Dios, de tal forma que produzca, inclusive, daños con consecuencias eternas.
Hoy, más que nunca, es necesario que como auténticos cristianos asumamos nuestro rol profético de ser «sal de la tierra» y «luz del mundo», combatiendo este sistema injusto y los males concretos en nuestra propia región, sabiendo que tenemos armas espirituales, «poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas» (2 Co. 10:3-5).
Sin querer desconocer que "los grandes y famosos" son necesarios como fuente de inspiración y como «...gran nube de testigos...» (Heb. 12: 1), no podemos olvidar que el mayor acento bíblico no recae sobre grandes personalidades individuales, sino sobre comunidades organizadas a la manera de un Cuerpo cuya única cabeza es Cristo. Porque la Iglesia es, ante todo, un Cuerpo en Misión.
«Hermano Pablo, el Señor me ha fallado». Su declaración me dejó totalmente confundido y respondí: «¿Cómo?» Ella repitió: «El Señor me ha fallado». Le supliqué que me explicara lo que quería decir. Entonces, con suma sinceridad, me respondió lo siguiente: «Hace dos años un ministro, un profeta de Dios, profetizó que me iba a ocurrir cierto hecho dentro de un período de seis meses. Han pasado ya dos años y todavía Dios no ha cumplido lo que el profeta me dijo». ¿Estaremos como iglesia cayendo en el misticismo?
Parte V: La época de la alta critica (1789-1914)


