Todos, aun en el liderazgo, pasamos por varias etapas para madurar. ¿Cuándo dejar de gatear para iniciar los primeros pasos sobre piso firme? ¿Cómo saber cuál es el momento?
La existencia de señales y prodigios en nuestro medio es una realidad. Sin embargo, no todo milagro es incuestionablemente una manifestación de Dios. ¿Cómo discernir cuál es cuál?
Es posible que, a pesar de invertir tiempo en las personas, algunos, igualmente, acaben escogiendo un camino equivocado. No obstante, la tarea que se nos ha encomendado es la de transformar vidas mediante el poder del evangelio.
Un mensaje recibido del cielo para proclamar, un don de parte del Señor que intencionalmente se trabaja y se pule, y la utilización al máximo de la creatividad para expresarlo, dará como resultado el objetivo más importante que tenemos como comunicadores de la palabra de Dios: vidas transformadas por el poder del Altísimo, dispuestas para transformar también a otros.
Los beneficios que logramos al asumir un compromiso absoluto con la persona de Cristo son mayores a los sacrficios que esto requiere.
Dios no se limita a un solo método, ni utiliza el mismo medio cada vez que nos habla.


